Lavanderas de La Varenne, Francia
Hacia 1865. Óleo sobre lienzo, 85 x 160 cmSala 063A
Se trata sin duda de la obra más importante, ambiciosa y de mayor calidad de cuantas realizó Rico a mediados de la década de 1860. Las amplias dimensiones del lienzo y el gran número de estudios que el artista preparó dan idea de la ambición con que lo afrontó. Lo comenzó durante su estancia, en el verano de 1864, en La Varenne Saint-Hilaire (actualmente unido a Saint-Maur), frente a la localidad de Chennevières-sur-Marne. En ella vivía, con su familia, Louise Priet, que años después se convertiría en su esposa y, durante esta época (1864), Camille Pissarro (1830-1903), autor por entonces de varias vistas del Marne en Chennevières; a ambos los retrató Rico en uno de sus cuadernos de apuntes de esa época. El establecimiento de una línea férrea en 1859 desde París hacía muy fácil el desplazamiento hasta este lugar, situado a poco menos de treinta kilómetros al sureste de la ciudad. En el cuaderno citado abundan los estudios preparatorios para esta obra. El esfuerzo del artista por presentar en el primer término de la composición a quince lavanderas, todas, salvo una, dispuestas en la orilla del río, le llevó a estudiar con minuciosidad las figuras. En el comienzo mismo del cuaderno hay dos, completamente de espaldas, en las que analizó con exactitud la postura inclinada, que lleva a disminuir el tamaño de la cabeza, oculta casi entre los hombros, y a revelar, por el contrario, el volumen del cuerpo. Pasó enseguida a estudiar las figuras de tres cuartos, situadas en el grupo de la izquierda, en dibujos de trazo más acentuado. Por fin, abordó las agrupaciones mismas de los cuerpos, incluyendo los capazos para los niños, dos de los cuales aparecen colocados, en el cuadro definitivo, en el centro mismo de la composición. Además, Rico realizó no menos de tres estudios al óleo en los que, como ocurre igualmente en los dibujos, consideró también las posturas de frente, como figuran en dos de ellos. Sin embargo, acabó prefiriendo la de espaldas, mucho más plástica y ceñida, según puede deducirse de la comparación con el tercer estudio al óleo, en el que aparecen las figuras en la misma disposición que finalmente tendrían. Esta, en efecto, es un verdadero acierto que solo un juicio superficial pudo considerar monótona. Los estudios son sintéticos, pero analizan con detalle las posturas y los tonos de las mujeres, que apenas presentan variaciones en el cuadro definitivo. Además, indagan en los efectos de la ropa blanca tendida en la hierba y de las espumas producidas en la orilla sobre el verde azulado del río. Los estudios tienen un tono mate que se hace mucho más intenso y brillante en el cuadro, donde resalta la calidad del dibujo de las figuras y la naturalidad de sus actitudes, fruto, sin duda, del arduo trabajo previo que el artista llevó a cabo. Para los fondos de árboles sobre la orilla opuesta el artista realizó también, al menos, un estudio al óleo, en el que puede advertirse, lo mismo que en los de las lavanderas, su modo de trabajar. En estos estudios se percibe el tipo de preparación gris clara utilizada por Rico. Sobre ella el artista construyó la composición en cuatro franjas paralelas. La ordenada disposición de las figuras del primer término concentra también los tonos más vivos, especialmente bellos los azules y los rosas sobre los blancos de la ropa, con toques sueltos muy precisos. Los perfiles bien delineados de las lavanderas se hacen más luminosos mediante ligeras pinceladas claras en su lado derecho, por donde reciben la luz, de mediodía. Dadas las dimensiones de la obra y el minucioso cuidado con que está pintada cabe suponer que Rico trabajó en ella durante un tiempo, en su estudio parisino. No debía de estar terminada aún a finales de 1864 y no pudo enviarla, por ello, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año (Texto extractado de Barón, J.: El paisajista Martín Rico (1833-1908), Museo Nacional del Prado, 2012, pp. 145-147).