Tríptico de La Adoración de los Magos
Hacia 1494. Grisalla, Óleo sobre tabla de madera de roble.Sala 056A
El tema que desarrolla este tríptico es la llegada de la salvación al mundo, un mensaje sobre la universalidad de la Redención. El significado eucarístico inherente al tema de la misa de san Gregorio se manifiesta también en la escena de Adoración de los Magos en el trigo que se guarda en la parte superior de la cabaña, encima de la figura del Anticristo. De forma excepcional, al representar la misa de san Gregorio en semigrisalla, el Bosco incluye siete escenas de la Pasión que culminan en la parte superior con la Crucifixión en la colina del Gólgota, con la que se consuma la Redención. Las dispone como si formaran parte de un retablo, a ambos lados de Cristo, con sus distintos escenarios distribuidos en cuerpos, de abajo a arriba y de izquierda a derecha: la Oración en el huerto, el Prendimiento, Cristo ante Pilatos -con su mujer asomándose tras el palio-, la Flagelación, la Coronación de espinas, el Camino del Calvario y la Crucifixión. Esta última, la escena de Cristo en la cruz con las cinco figuras que lo acompañan, separados del resto, está pintada sobre el marco. El buen ladrón está ya en la cruz, a la derecha del Redentor, junto al ángel, mientras que el mal ladrón espera a que coloquen su cruz a la izquierda de Cristo. En ese mismo lugar se puede ver a Judas colgado de un árbol y a los demonios llevándose su alma. También constituyen una excepción los nueve ángeles que rodean a Cristo como Varón de Dolores, saliendo del sarcófago -pintado asimismo sobre el marco-. Y tampoco son habituales las cortinas que separan las figuras situadas al fondo, a ambos lados, de las que ocupan el primer plano en el que acontece el milagro: el pontífice y el clérigo que le ayuda en la misa y los dos donantes receptores de los frutos de la Redención. El Bosco incorporó esas cortinas en la última fase de la ejecución, pintándolas sobre las figuras que había terminado ya. Por lo que afecta a los dos donantes, aunque se ha insistido en que los llevó a cabo bastante después de concluir la obra, la documentación técnica confirma que los pintó al mismo tiempo que el resto.
En el tríptico abierto se representa a María sosteniendo a Jesús sobre su regazo y los tres magos, de un modo que evoca las obras de Jan van Eyck (h. 1390-1441). En el panel izquierdo figura Peeter Scheyfve, protegido por san Pedro y con su divisa, Een voert al (Uno para todos), y en el derecho su segunda esposa, Agneese de Gramme, protegida por santa Inés. En los reversos, con el tema de la misa de san Gregorio en semigrisalla, se incluyen otros dos donantes. El joven es el hijo de los comitentes, Jan Scheyfve, y el anciano debe ser Claus Scheyfve, el padre de Peeter, fallecido antes de 1495, pertenecientes a la alta burguesía de Amberes.
En las ofrendas de los reyes y en sus trajes se incluyen las escenas del Antiguo Testamento que prefiguran la Adoración de los Magos en la Biblia pauperum (Biblia de los pobres). El Bosco hace gala de su maestría como pintor, patente en la opulencia de los trajes de los magos y de sus ofrendas, en la riqueza de los materiales y en el modo magistral con que traduce con pinceles finísimos los toques de luz, como si los dibujase, según se constata en el grupo del sacrificio de Isaac representado en uno de los presentes. La ofrenda del primer mago, situada junto a su rico casco, a los pies de la Virgen, es un adorno de mesa hecho en oro y perlas en el que se representa como se ha dicho el tema del sacrificio de Isaac, que prefigura el del propio Cristo en la cruz, idea que contribuye a reforzar el que se apoye sobre unos sapos, alusivos al pecado. En la esclavina metálica del segundo mago, que ofrece al Niño mirra en una bandeja de plata, se incluye, arriba, uno de los temas que la Biblia pauperum asocia con la Adoración de los Magos, la reina de Saba ofreciendo sus presentes a Salomón (1 Reyes 10, 1-13). Abajo se incorpora la ofrenda que hacen Manoa y su mujer después de que Dios les comunique el nacimiento de su hijo Sansón (Jueces 13, 19-23), que asimismo prefigura el nacimiento de Cristo. El tercer mago tiene en la mano su ofrenda, un recipiente de forma esférica para contener incienso. En él se representa a Abner arrodillado ante el rey David, ofreciéndole que las tribus del norte de Israel se sumen a las del reino de Judá (2 Samuel 3, 10), la otra escena que, junto a la de la reina de Saba, prefigura la Adoración de los Magos en la Biblia pauperum. Sobre la esfera está posada el Ave Fénix, que evoca la Resurrección de Cristo, cogiendo un grano con su pico. Cabe reseñar en este tercer mago, además de la cenefa de su manto blanco, las hojas de cardo que adornan sus hombros y su cuello y que aluden a la Pasión de Cristo y, por tanto, a la Redención. También se debe resaltar la cenefa del bajo de la túnica del paje negro con el motivo del pez grande comiéndose al chico -realizado directamente con el color-, que debe interpretarse en el contexto de salvación que da sentido a toda la representación del tríptico. El Anticristo, a la puerta del pesebre -bajo la forma de una cabaña de Brabante-, apenas cubre su cuerpo con una capa y un velo transparente. Prueba del carácter maléfico que otorga el pintor a este personaje es el búho que se oculta por encima de él, en la parte superior del henil, mirando al ratón muerto que se convierte en su presa. También le dan un cariz maligno los personajes que están a su lado en el interior de la cabaña, entre ellos una mujer de rasgos feos, deformados por su expresión, que lleva un tocado antiguo al igual que algunos demonios representados por el Bosco. Completan esta escena de la Adoración al Niño los seis pastores situados en el extremo derecho, que encarnan tradicionalmente al pueblo judío. En el paisaje del fondo, tras la cabaña, el Bosco representó a la izquierda una casa cuya enseña, un cisne, así como el palomar en lo alto, identifican como un burdel. A él se dirige un hombre que tira del ronzal de una cabalgadura sobre la que va montado un mono, alusivo a la lujuria. En un plano más bajo dos ejércitos desplegados a izquierda y derecha cabalgan uno en dirección al otro. Por sus tocados orientales se han asociado con las huestes de Herodes buscando a Jesús para matarlo. La ciudad que se recorta al fondo contra el celaje debe ser Belén. Aunque el pintor se deje llevar aquí por su fantasía, y sus edificios adopten formas orientales, no falta el molino fuera de sus muros, junto al que el Bosco despliega un tercer grupo de jinetes.
El dibujo subyacente, realizado a pincel con un medio líquido, permite comprobar algunos cambios, desplazamientos y rectificaciones de contorno realizados por el Bosco durante la ejecución de esta obra maestra. En general, para llevar a cabo las líneas fundamentales de la composición emplea trazos largos, tenues y ligeros, aunque no faltan otros más gruesos. En las zonas con modelado o en algunos detalles el trazo es más corto, aunque siempre adaptado a las dimensiones del motivo. Los pliegues de las telas están dibujados con trazos largos en los que el pintor utiliza un pigmento de color más claro. Además, con frecuencia, los huecos que forman los pliegues y las zonas de sombra se subrayan con pintura en el estadio de color.
Silva, Pilar, 'El Bosco. Tríptico de la Adoración de los Magos' En:. El Bosco. La exposición del V Centenario, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2016, p.n.10 195-207