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Itinerario

Desdibujadas. Parada V. Las mujeres y el arte

Martes de junio

El Arte, desde sus distintas disciplinas, ha sido una vía de expresión y difusión de ideas y conceptos, de canalización de emociones y reflejo del contexto en el que vivieron sus creadores. La Pintura o la Escultura funcionan, por tanto, como un espejo en el que vemos reflejados los códigos sociales, políticos, ideológicos, religiosos o filosóficos de un tiempo y una cultura determinados.

El uso didáctico e incluso dogmático de la imagen ya existía en Grecia y Roma y continuó a lo largo de la Historia. Desde los mitos y su representación artística se fueron construyendo unos modelos, valores y patrones que se perpetuarían en el tiempo, a veces con leves variaciones, pero que difundían un modelo concreto de qué significaba ser mujer y a qué se asociaba lo femenino. Otros tiempos y culturas vendrían, pero los roles y corsés seguirían siendo los mismos.

Mujeres que jugaron un papel importante en la Historia, mujeres humildes y desconocidas, políticas, creadoras, artistas… todas se vieron afectadas por esas estructuras sociales y de pensamiento. ¿Qué imagen se transmitió de ellas? ¿Cuántas fueron olvidadas? Incluso a día de hoy, contemplamos sus retratos y hay narrativas y códigos que permanecen. ¿Y si miramos desde otra perspectiva? 

Todos los martes de junio publicaremos nuevos contenidos que ayuden a escribir una nueva Historia del Arte que tenga en cuenta a todos y todas sus protagonistas.

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Desdibujadas

Desdibujadas

Desdibujadas
Anna von Escher van Muralt, Angelica Kauffmann, h. 1800

La infravaloración y el olvido al que las mujeres fueron sometidas en otras áreas de la vida no fueron distintos en el mundo del Arte. Dado que la realización de la mujer venía dada a través de la maternidad y la crianza, y que toda actividad laboral por ella desempeñada se ligaba a la necesidad y el sustento, crear, expresar o imaginar no eran aspectos que las convinieran o debieran interesarlas.

A las mujeres se las permitía pintar por hobby, dedicarse a la contemplación artística o el mecenazgo. Nombres como Isabel de Farnesio, Isabel de Braganza o Cristina de Suecia resuenan en nuestra memoria. Pero ¿qué pasaba con las creadoras?

Tradicionalmente se las consideraba incapaces en todo lo relativo a las Artes y cuando algunas de ellas consiguieron romper esas barreras fueron criticadas, se las trató de convencer de que eso no era lo suyo e incluso fueron condenadas al ostracismo. Pero ellas persistieron. Gracias a su tenacidad, hoy nombres como Cindy Sherman, Eva Lootz, Yayoi Kusama o Cristina Iglesias, nos recuerdan que el esfuerzo de aquellas pioneras no fue en vano.

Musas

Musas
La marquesa de Santa Cruz, Francisco de Goya y Lucientes, 1805.

Las Musas estaban relacionadas con la poesía, el teatro o la música, artes superiores frente a la pintura y la escultura, consideradas artes mecánicas, casi artesanales; de ahí que ninguna portara pinceles, paletas, cinceles o mazos. Vivían en el Monte Parnaso junto al dios Apolo, máximo representante de las artes y la belleza.

La palabra Museo deriva del término Musa. Es curioso que, dada su relación con el Arte y los espacios que se encargan de conservarlo, cuidarlo y difundirlo, el papel de las Musas se centrara en inspirar y favorecer el ingenio de otros, pero nunca tuviera relación con la creación activa e individual.

Esa condición marcó el papel de la mujer en el arte. En piezas como la Dánae de Tiziano se aprecia su papel como inspiradora, fuente de creación, objeto anhelado y de deseo. De ahí que el porcentaje de desnudo femenino en la pintura o la escultura sea abrumador. La Maja desnuda de Goya rompe un poco con esa imagen de sujeto pasivo, pero sin eliminar el componente voyeur. En otra obra de Goya, La marquesa de Santa Cruz, vemos cómo mujeres inteligentes, cultivadas y ligadas al mundo del arte, eran recordadas por su belleza o recurrían a estos modelos e iconografías para sus retratos. No había otros referentes en los que reflejarse.

Modelos

Modelos
Mujer al salir del baño, Eduardo Rosales Gallinas, h. 1869

Hablamos de modelo, de forma generalizada, para referirnos a la persona u objeto que copia el artista, pero en origen esta palabra aludía a los modelos vivos que posaban para los artistas no ya para realizar un retrato, sino para iniciarse o avanzar en el estudio del arte. Durante siglos, los dibujos, bocetos y estudios anatómicos que se hacían en las academias eran con modelos masculinos y la contemplación del cuerpo femenino estaba vetada; sin embargo, esa proporción se veía alterada radicalmente en las obras “terminadas” que colgaban en colecciones privadas y muestras de arte.

La temática mitológica sería una de las vías para poder representar el desnudo, incluso para artistas de finales del Siglo XIX como Baudry. En su obra La perla y la ola, desde el más puro estilo pompier, utiliza el tema del baño de Venus como pretexto para representar a la modelo desde la voluptuosidad y el erotismo. Personajes religiosos como la Magdalena o Eva permitieron también trabajar el modelo femenino, pero siempre desde un canon de belleza determinado por la época.

Esos parámetros estéticos (formas voluptuosas, larga melena, piel nacarada, ausencia de vello) se mantuvieron también en la pintura de finales del Siglo XIX y principios del XX. El desnudo podía representarse ya sin una justificación temática o narrativa, desde actividades cotidianas como el baño, pero el corsé estético era muy similar. ¿Qué hemos heredado de todo aquello?

Pioneras

Pioneras
Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre. Clara Peeters, 1611.

A lo largo de la Edad Moderna, la formación de los artistas pasaba por cursar varios años de estudio en el taller de un maestro. Por supuesto, eso era impensable para una mujer. Pero aquellas que pertenecían a familias de creadores tenían más fácil poder acceder al aprendizaje artístico. Pintoras como Catharina van Hemessen o Clara Peeters fueron pioneras. A pesar de todo tipo de obstáculos en su contra (acceso limitado a las materias, dudas sobre sus aptitudes), consiguieron ganarse el respeto de coleccionistas y compañeros de profesión.

Las cuatro obras de Clara Peeters que el Museo del Prado posee y expone nos hablan de su gran calidad, sensibilidad y maestría. Sus obras fueron adquiridas por coleccionistas de renombre como el Marqués de Leganés y formaron parte de Colecciones Reales como la española. Consciente de su saber hacer, la pintora firmaba sus piezas con pequeños autorretratos que aparecen como reflejo en la vajilla de peltre de su Bodegón con flores o escribiendo su nombre y apellidos en el cuchillo de su Mesa con mantel.

Pintoras como Catharina van Hemmessen fueron una gran inspiración para creadoras como Lavinia Fontana o Sofonisba Anguissola. Esta última, representada en el Museo del Prado a través de cuatro obras, conquistó con su arte la Corte de Felipe II y fue una de las artistas más valoradas de su tiempo.

Por méritos propios

Por méritos propios
Nacimiento de San Juan Bautista, Artemisa Gentileschi, h. 1635

Decía Boccaccio que el Arte era ajeno al mundo de las mujeres, pues este requería talento y esa era una cualidad rara en ellas. La visión androcéntrica del Arte no había variado siglos después, algo que sabía bien Artemisa Gentileschi, protagonista en primera línea de la pintura italiana del Siglo XVII. Representada en las colecciones del Museo del Prado a través de su Nacimiento de San Juan Bautista, es uno de los primeros y escasos nombres de pintoras a los que la Historia del Arte hizo un guiño. En ocasiones, se asociaba su calidad al hecho de haberse educado junto a su padre, el gran Orazio Lomi de Gentileschi. En otras, se valoraba su maestría desde un tono paternalista, destacando más que su capacidad como artista el hecho de haberse sobrepuesto a la violación de Agostino Tassi.

Artemisa llegó a decir que el nombre de una mujer pintora hacía que las personas tuvieran dudas de su saber hacer hasta que se veía su obra. Apreciada en Nápoles, Roma, Venecia y Londres, alcanzó la fama y el reconocimiento por derecho propio. En 2020 la National Gallery de Londres iba a dedicarle una exposición. Poco a poco, caminamos hacia un cambio de paradigma en relación a la presencia y reconocimiento de las mujeres en el Arte.

Una fuerza imparable

Una fuerza imparable
El Cid, Rosa Bonheur, 1879.

Sucesoras de aquellas dignas pioneras y maestras, otras pintoras siguieron haciendo camino y abriendo nuevas vías a lo largo de los Siglos XVIII y XIX.

Angelica Kauffmann es otra de las artistas cuya obra puede verse en el Museo del Prado. Pintora precoz, fue miembro de la Academia de San Lucas y de la Royal Academy londinense. Artista prolífica, gozó de enorme popularidad y destacó, además de por su personal estilo y dominio de la técnica, por su arriesgado carácter como pintora. Fue una de las primeras mujeres que se negó a realizar sólo retratos y naturalezas muertas, dando el salto a la Pintura de Historia.

Rosa Bonheur, mujer aguerrida, libre e independiente, rompió esquemas artísticos, pero también culturales y sociales. Centrada en un tema tan atípico como la representación de animales, consiguió un permiso de travestismo para poder visitar las ferias de ganado y buscar así modelos para sus cuadros. Participó en Exposiciones Universales y sus obras, muy apreciadas, alcanzaron en vida altos precios de venta. Pinturas como El Cid nos hablan de la fuerza y genio de una pintora a la que se fue condenando al olvido. Sus cabellos cortos, sus gustos y comportamiento, sus apariciones fumando habanos y sobre todo su vida personal fueron juzgadas y recriminadas. De nuevo la mirada sesgada y los prejuicios se veían mezclados en la valoración del Arte.

Pasado, presente y futuro

Pasado, presente y futuro
Dama veneciana, Marietta Robusti Tintoretta, Siglo XVI

Exposiciones como El Arte de Clara Peeters o Historia de dos pintoras, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana han sido pasos importantes para el estudio, investigación y valoración del papel que jugaron distintas artistas en la Historia del Arte. No sólo se trata de recuperar y revisar desde una nueva perspectiva su biografía y aportaciones, sino también de poner en valor su obra y difundirla, construyendo nuevos discursos acordes a nuestra época.

Son muchas más las mujeres representadas en las colecciones del Museo del Prado. Nombres como Catharina II Ykens, Marieta Robusti Tintoretta, Rosario Weiss, Flora López Castrillo, Louise de Liniers y Anna María Teresa Mengs engrosan la lista de pintoras hasta superar la treintena. Muchas de sus obras, como otras piezas, pueden visitarse a través de la web y diferentes recursos on line, pero poco a poco se implementan nuevas acciones que conllevan cambios importantes.

Como dijo Safo, Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro. Ya es el futuro.

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