Alegoría de Galicia
1789. Óleo sobre lienzo, 95 x 76,5 cmNo expuesto
Esta obra formaba parte de la serie de diez alegorías de los principales dominios de España -incluida una de América- pintadas por Paret para el adorno interior de la Casa de la Diputación de los Cinco Gremios Mayores, situada en la calle de Atocha de Madrid, en la actual plaza de Jacinto Benavente. También formaron parte de la decoración efímera de la fachada del edificio, realizada por Paret con motivo de las festividades organizadas en septiembre de 1789 en honor de la jura del Príncipe de Asturias, celebrada el 23 de ese mes, y de la proclamación de Carlos IV y la reina María Luisa de Parma que tuvo lugar el año anterior, en diciembre de 1788. La Alegoría de Galicia, que salió a la luz en 2017, es de gran importancia dada la escasez de pinturas conocidas de Paret y porque hasta esa fecha se habían localizado solo dos de la serie, en concreto la Alegoría de Castilla y la Alegoría de León (colección particular).
La alegoría de Galicia aparece personificada en una joven sentada en un interior de carácter palaciego y ante un gran cortinaje verde y bordado con hilo de oro. Este pende sobre una columna, a la izquierda de la cual cuelga un escudo de metal con la cruz roja de Santiago, emblema de la orden del mismo nombre relacionada con Santiago el Mayor, el evangelizador del norte de la Península Ibérica y santo patrón de España. Rodean ese escudo un marco y una guirnalda floral atada con una cinta, ambos pintados al modo de una grisalla. La joven, vestida con una túnica blanca y un manto de tonos azul claro, se apoya con su brazo izquierdo en el escudo de Galicia, que aparece en una representación histórica de los siglos XVI y XVII. En ese escudo, enmarcado por una moldura dorada y adornada en su parte inferior con hojas de laurel y una concha, atributo de Santiago, luce sobre un fondo azul un altorrelieve dorado del cáliz de Cristo, al que acompañan varias cruces del mismo metal y una corona engastada de piedras preciosas. A los pies de la joven, descalzos, reposan otros atributos del santo, como el sombrero jacobeo con la venera y el bastón de peregrino con su gancho de metal, del que colgaba la calabaza para el agua, también representada.
Si se compara esta obra con las alegorías femeninas pintadas poco antes por Paret en las pechinas de la capilla de San Juan del Ramo, en la iglesia de Santa María de Viana, se observa aquí una composición más uniforme, clara y densa, así como una mayor profundidad espacial, creada a través de las líneas de perspectiva de las baldosas que cubren el suelo. El resplandor sobre el cortinaje, al tiempo que sugiere cierto espacio entre este y la figura, funciona como una aureola que resalta la cabeza de la joven. El concepto de la figura, con el cuerpo girado ligeramente hacia la derecha y la cabeza en sentido contrario, así como el gesto de los brazos, pudieron basarse en modelos de Carlo Maratti, por ejemplo en el de la protagonista del cuadro Rebeca en el pozo (h. 1696; Roma, Gallerie Barberini Corsini), conocido a través de una estampa del flamenco Robert van Audenaerde. La composición de esta pudo inspirar también el Martirio de santa Lucía. Destaca por último la expresión dulce y ensimismada de la joven, a la que contribuye el suave modelado de las carnaciones y la ligereza de los paños del vestido, sobre todo del manto, que revela las formas de las piernas al modo de los paños mojados de la escultura antigua. Paret consiguió esa sensación a través de unas veladuras muy diluidas, con efecto de aguada, que contrastan con la pintura más opaca de los objetos representados. Este concepto se corresponde con la percepción sentimental que se tenía en la época de la escultura clásica, considerada modélica en la definición de la belleza ideal por sus cualidades de noble simplicidad y serena grandeza.
Maurer, Gudrun, 'Luis Paret y Alcázar. Alegoría de Galicia' En:. Paret, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2022, p.246-248 nº 73