El general Evaristo Fernández San Miguel, I duque de San Miguel
1854 - 1856. Óleo sobre lienzo, 210 x 135 cmNo expuesto
Retratado de cuerpo entero, a sus sesenta y nueve años, , viste uniforme de capitán general que es una casaca azul con dos hileras de botones dorados, cuello recto y solapas abiertas grana con bordados dorados, así como las vueltas, que lucen las divisas de su empleo. Camisa blanca y corbata negra de lazo. Pantalón como la casaca con galón dorado. Ostenta la Gran Cruz (placa y banda) y la Cruz de tercera clase de la Real y Militar Orden de San Fernando obtenidas respectivamente al mando del Ejército del Centro en la toma de Cantavieja (Teruel) en octubre de 1836 y por el mérito contraído en la batalla de Mendigorría (Navarra) en julio de 1835. Además de las placas de las Grandes Cruces de la Real y Distinguida Orden española de Carlos III y de la Real y de la Militar Orden de San Hermenegildo. Faja encarnada con entorchados bordados en las caídas y espada de ceñir. Sobre un sillón se han representado unos guantes blancos, el bicornio de fieltro negro con galón, botón y presilla dorados y pluma blanca y un bastón de caña de indias con pomo dorado. (Proyecto catalogación elementos heráldicos y falerísticos, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía). Apoya su mano sobre el segundo tomo de la Historia de Felipe II, escrita por él, situado en una mesa cubierta por un tapete de terciopelo, en la que pueden verse además otros libros y papeles.
Inició su carrera militar en 1805, como cadete del primer batallón de voluntarios de Aragón. Nombrado capitán durante la Guerra de la Independencia, fue entonces hecho prisionero y trasladado a Francia, donde permaneció hasta el regreso de Fernando VII en 1814. Militar de talante liberal y amigo personal de Riego, compuso la letra de su famoso himno, siendo nombrado Ministro de Estado el 5 de agosto de 1822, durante el Trienio Constitucional, ocupando a continuación diferentes cargos políticos y militares hasta ser nombrado Capitán General de los Ejércitos de Espartero, momento en el que lo efigia Madrazo.
Este es, probablemente, el mejor retrato militar de aparato realizado por Federico de Madrazo a lo largo de toda su carrera, estableciendo con él los esquemas compositivos este prototipo retratístico, que se mantendría vigente durante el resto del siglo. Su ejecución fue un encargo directo de la reina Isabel II para sus propias colecciones en 1854, aunque su ejecución se prolongó hasta 1856, en que Madrazo lo retoma con la ayuda de su discípulo, el pintor Juan Barroeta y Anguisolea, cuya intervención ha de remitirse en todo caso a la arquitectura del fondo y quizá también al sillón sobre el que reposan los accesorios del uniforme, aunque, siguiendo el testimonio de las anteriores anotaciones. Lo hecho por este pintor se redujo a una sola sesión, siendo además retocado por el propio Madrazo al día siguiente.
Se conserva un dibujo preparatorio para el retrato, en el que tan solo se estudian las líneas generales de la figura, que aparece sin embargo con las piernas juntas, pose que luego varía el artista en el cuadro (Texto extractado de Díez, J.L.: Federico de Madrazo (1815-1894). Museo del Prado, 1994, pp. 251-252).
Díez, José Luis, Federico de Madrazo y Kuntz (1815-1894), Madrid, Museo Nacional del Prado, 1994, p.251 nº45; 464-465 nº86