En el estudio
Hacia 1880. Óleo sobre tabla, 29,5 x 22,5 cmNo expuesto
Vicente Palmaroli fue un pintor con una amplia y variada producción, que fue cambiando su estilo en función de su conocimiento o cercanía a determinados pintores, siempre manteniendo una gran calidad en su obra. Así, comenzó su carrera cerca de Eduardo Rosales, uno de los pintores fundamentales del realismo en España; más tarde, hacia 1870, decidió imitar el estilo de Mariano Fortuny Marsal, el gran pintor español que estaba triunfando en Francia desde la década de 1860.
Esta obra muestra su cercanía al tipo de obra que hacía Fortuny: se trata de una pintura de pequeño formato, para ser vista de cerca y poder contemplar la gran cantidad de detalles que el pintor era capaz de reunir. Por todo ello, se trata de obras con una factura muy precisa y minuciosa y un colorido muy brillante, que contribuyen a crear obras agradables en las que se buscaba sobre todo el deleite visual. El tema, por todo ello, resultaba normalmente intrascendente. Muchas de estas obras se pintaban sobre tabla, pues la textura de este soporte facilitaba este tipo de acabado brillante, y se enmarcaban con marcos de gran anchura y de un buen tamaño, muchas veces dorados, para resaltar más la propia obra. En este caso la pintura dispone de un marco con un diseño habitual en Francia entre 1870 y 1890.
El interior del estudio del pintor es un asunto bastante frecuente en este tipo de pintura, y en general en el arte europeo del siglo XIX. Muchas veces su representación no se corresponde de forma fiel con el taller de ningún pintor, sino que busca crear una imagen ideal o mejorada del mismo. En muchas ocasiones el protagonismo de estas escenas recae en una mujer, normalmente la modelo, que muy frecuentemente se dispone frente al lienzo. En este caso, todo parece sugerir que la modelo aguarda la llegada del pintor contemplando una de sus pinturas. Su mirada ausente y ensoñadora se dirige al lienzo, del que sólo puede verse una parte.
En el taller se acumulan objetos de variada procedencia, como el gran tapiz del fondo -que parece remitir a modelos del siglo XVII-, el casco de un guerrero, o el taburete de primer término, de origen italiano. No obstante, destacan aquellos objetos de origen oriental, fundamentalmente japonés. Desde la Exposición Universal de Londres en 1862, el interés por las diferentes culturas de Asia se había extendido por Europa, aunque a España no se afianzó hasta el siglo XX. Palmaroli tuvo acceso a objetos y elementos de este tipo en París, posiblemente influido por Fortuny, que tenía en su colección, entre otras cosas, numerosas estampas japonesas. Fortuny incluyó a menudo en sus obras piezas chinas y japonesas, puesto que en ellas había un componente exótico y sofisticado mayor que en las obras occidentales. Al principio, la asunción de la estética procedente de otras culturas no occidentales fue sobre todo superficial; es decir, la mayoría de pintores de las décadas de 1870 y 1880 se limitaron a la inclusión de elementos en sus obras, a veces de manera muy difusa. Así hizo Palmaroli, quien vistió a la modelo con un mantón o paño de seda de color amarillo y motivos decorativos japoneses. En las manos lleva un paipái japonés y, tanto el paño que cubre parte del lienzo como el biombo rojo del fondo, son también de inspiración asiática (Martínez Plaza, Pedro J., en Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).