Jarrón de la Alhambra con el escudo nazarí de banda
1775. Talla dulce: aguafuerte y buril sobre papel verjurado, 478 x 336 mmNo expuesto
La recuperación del pasado clásico fue uno de los ejes vertebradores de la construcción de la historia de España, tarea asignada a las academias de la Historia y de Bellas Artes siguiendo postulados ilustrados. El estudio sistemático de las ruinas fue un campo en el que se desarrollaron importantes proyectos arqueológicos, culminando en ediciones que incluían estampas con el estado o la reconstrucción idealizada de los monumentos de la Antigüedad y que, en el caso español, incorporaron los edificios árabes.
La estampa reproduce exactamente al mismo tamaño un dibujo conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Archivo de planos, no inv. 523/MA). Un aspecto relevante del trabajo del grabador fue la manera de llevar el color del dibujo al blanco y negro de la estampa. No consta que se vendiesen ejemplares iluminados, por lo que la traducción de los intensos azules y los brillantes amarillos del dibujo original debía servirse de un lenguaje gráfico lineal que diferenciase ambos colores, así como las sombras y reflejos de la superficie. Para ello el grabador combinó el aguafuerte con el grabado de puntos: líneas de aguafuerte extremadamente juntas para recrear los azules, grabado de puntos a base de cincel triangular sobre un fondo lineal muy fino de aguafuerte para los grises y, por último, puntos muy pequeños sin fondo lineal para los amarillos. Este jarrón habla, además, de la historia de la Alhambra, de su magnificencia y posterior abandono, así como del interés por su recuperación y por la difusión de una imagen ideal a través del grabado.
El jarrón original estaba desde el siglo XVII en el Jardín de los Adarves, y desde 1767 en una estancia del Patio de Comares. Del abandono del edificio da cuenta el suceso del 2 de enero de 1792, día de la conmemoración de la toma de Granada, cuando un joven se encaramó al jarrón provocando su caída y destrucción. Solo se conservaron algunos fragmentos que fueron vendidos. Entre ellos el gollete, que acabó por adquirir el coleccionista Archer Milton Huntington (1870-1955), quien lo incorporó en 1913 a los fondos de The Hispanic Society of America, en Nueva York.