Menipo, detalle (copia de Velázquez)
1866 - 1868. Acuarela, Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera] sobre papel, 620 x 470 mmNo expuesto
Fortuny realizó un amplio número de copias de cuadros famosos, algunas pintadas aún a finales de la década de 1860, que atestiguan su interés por el conocimiento profundo de la pintura de los grandes maestros. Los artistas a los que estudió de este modo con mayor frecuencia fueron Velázquez y Goya. En menor medida, también copió a Rafael, Durero, Tintoretto, El Greco, Ribera, Rubens, Van Dyck y Tiepolo, así como Rembrandt y los grabadores japoneses, referencias todas ellas de la mayor importancia para su arte. En sus copias de pinturas Fortuny utilizó tanto el óleo como la acuarela, técnica que le permitía una aproximación más directa y una resolución inmediata, apropiada para el tipo de copia que le interesaba y que le permitía captar de modo rápido lo esencial de un cuadro.
Es frecuente, como en este caso, que el artista se concentre en un aspecto de la composición que le interesa especialmente. Lo mismo hizo en el Esopo (antigua colección Mariano Eortunv Madrazo, Venecia), de media figura, que copió al óleo. En ambos casos, pero sobre todo en Menipo, lo que destaca en mayor medida es la expresividad del rostro, junto a la mano, al haberse reducido la figura al gran busto. Renuncia así el artista a plasmar los efectos espaciales que cautivaron a Velázquez y apenas llega a delinear levemente la sombra de la capa en la pared. La resolución es suelta y sintética y muestra la gran facilidad del artista para esta técnica, en la que consigue tonos muy bellos como los azulados verdosos y castaños en la cabeza del mendigo. Además, consigue un efecto de consistencia mediante toques al gouache que pueden verse en la barba y a través del refuerzo de las sombras con veladuras de barniz. El pintor debió de realizar la copia durante su estancia en los últimos días de junio y el mes de julio de 1866 en Madrid, donde acudió repetidas veces al Museo del Prado. Una fotografía de 1874 la muestra, enmarcada, en el estudio de Fortuny en Roma, lo que señala el aprecio en que el artista la tenía. En la venta de París figuró bajo el título Vieillard d’après Velazquez, y se especificaba que era un estudio hecho en el Museo de Madrid. En un ejemplar del catálogo figura al lado, manuscrita a tinta, la anotación de 1.150, que correspondería a la cantidad pagada en francos. En la venta del atelier fueron ésta y un estudio del Greco las únicas copias a la acuarela con número propio. Otras seis, realizadas a partir de obras del Prado de Tiziano, Tintoretto y el propio Velázquez entre otros artistas, hubieron de compartir el mismo número de catálogo sin quedar detalladas y se adjudicaron, además, en precios muy inferiores, lo que indica la mayor estima de que gozó esta obra. Como hizo con las restantes acuarelas de su colección, aparece enmarcada con paspartú dorado, biselado, con filos también de oro, dándole un carácter muy pictórico y una importancia equivalentes a las de los óleos. Aunque no agradó a todos los que se han ocupado de ella, la acuarela consigue, como se ha señalado, intensidad y vigor velazqueños. Esta facilidad para plasmar el espíritu profundo de las creaciones de otro artista impresionó a otros pintores y a críticos. Esta acuarela es un ejemplo extraordinario de la vivacidad con la que Fortuny era capaz de captar las expresiones, de modo que logra dar a la cabeza el tipo de mendigo altivo y socarrón, frecuente en el país, que Velázquez había representado de modo admirable en su interpretación del filósofo griego del siglo III a. C.
Barón, Javier (ed.), El legado de Ramón de Errazu: Fortuny, Madrazo y Rico, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2005, p.108, nº7