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Restauración de Felipe IV, a caballo

9 de octubre de 2025

 

Felipe IV, a caballo de Velázquez ya puede contemplarse en la sala 12 del edificio Villanueva tras su restauración. Esta obra era parte esencial del proyecto del Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro. Junto a él se incluían los igualmente célebres retratos a caballo de Isabel de Borbón -recientemente restaurada-, el príncipe Baltasar Carlos, Felipe III y Margarita de Austria.

La intervención se inscribe en el proyecto de restauración y acondicionamiento de los retratos ecuestres de Velázquez.

 
Gracias al patrocinio de la Fundación Iberdrola España
como ‘miembro protector’ de su Programa de Restauraciones:
Iberdrola
 

La intervención sobre esta pintura, realizada por María Álvarez Garcillán durante cuatro meses, ha permitido recuperar la riqueza cromática y la estructura original de una obra que había sufrido los efectos del tiempo y las intervenciones pasadas.

En el siguiente visor se puede apreciar el antes y el después de la obra tras la restauración.

El retrato ecuestre de Felipe IV

Esta obra forma parte de una serie de retratos realizados por Velázquez para adornar los testeros del Salón de Reinos con la intención de representar la continuidad de la monarquía y de su dinastía. Al este, a ambos lados del trono, se situaban los retratos de Felipe III y Margarita de Austria, padres del rey, y enfrente, orientado hacia el oeste, los retratos de Felipe IV, el Príncipe Baltasar Carlos e Isabel de Francia. Este último también recientemente restaurado con el patrocinio de la Fundación Iberdrola España.

Completaban el proyecto pictórico del Salón la serie de batallas, 12 obras que hablaban de las victorias ganadas por España durante el reinado de Felipe IV y la serie sobre los trabajos de Hércules, 10 lienzos de Zurbarán, alegato de la virtud y fortaleza del rey. También se hacía referencia a la grandeza del reino con los escudos de los 24 reinos de la monarquía, pintados en la parte superior de los muros.

Todo este desarrollo iconográfico se ceñía a un plan general decorativo donde quedaban perfectamente calculados los formatos de cada obra y el lugar que ocuparían dentro del espacio. Sin embargo, en la serie de retratos, el tamaño no coincidía exactamente con la ubicación de las puertas de acceso al salón ni con el espacio destinado al trono y las pinturas debieron ser desplazadas aproximadamente un metro más hacia los lados.

Este cambio supuso una serie de modificaciones en cadena. Los retratos de Felipe IV e Isabel de Borbón tuvieron que ser ampliados más de 60 cm. de ancho, añadiendo sendas bandas laterales de más 30 cm. cada una. Y, como esta ampliación invadía el hueco de las portezuelas laterales, se recortó y pegó la parte de lienzo que ocupaba este espacio a la propia puerta. De esta forma, si estaba cerrada apenas se notaba el corte, pero si se abría, la puerta giraba con el fragmento de cuadro adherido a ella.

Los lienzos fueron reentelados cuando, antes de 1772, se trasladaron al Palacio Nuevo (actual Palacio Real), recuperando su forma original. Se mantuvieron los añadidos y se cosieron los fragmentos adheridos a la puerta.

Este retrato ecuestre, único en la serie que contiene la declaración de autoría velazqueña que supone el espacio en blanco para la firma, representa al monarca en riguroso perfil, montando un caballo en corveta, con banda, bengala y armadura. A diferencia de otros retratos ecuestres que exaltan el poder mediante el dinamismo, Velázquez opta por una representación serena, inspirada en el Carlos V en Mühlberg de Tiziano, donde el paisaje abierto y el cielo cobran protagonismo.

La recuperación de sus valores originales

Velázquez abordó este encargo en plena madurez artística, sin delegar en su taller. El resultado es una composición que combina pinceladas secas con trazos cargados de aglutinante, creando una textura visual que se transforma en formas reconocibles a distancia. Ojos, manos, caballo, cielo y paisaje emergen así con una naturalidad que solo el genio sevillano podía lograr.

Uno de los problemas específicos que ha planteado la restauración ha sido el tratamiento de las bandas laterales añadidas por el propio Velázquez al formato inicial para adaptarse a la arquitectura del Salón. Con estos añadidos la esquina inferior izquierda se solapaba sobre de la puertezuela de acceso. Como en el retrato de Isabel de Borbón, la solución fue cortar el fragmento que invadía el paso y fijarlo a la propia puerta, de suerte que se podía abrir, pero quedaba disimulada al cerrarse.

Cuando las obras se reubicaron en el Palacio Nuevo (actual Palacio Real), los retratos se sometieron a un tratamiento de reentelado que permitió coser esa esquina al resto del cuadro. Es aún visible la huella de todo este proceso, pero se ha tratado de que interfiera lo menos posible en la experiencia ante la obra: se ha eliminado la sutura que unía el fragmento escindido, así como el estuco que lo cubría, y se ha fijado la pintura en zonas vulnerables. La limpieza ha reducido el barniz oxidado que amarilleaba los colores, y se han retirado repintes que ocultaban la pintura original.

La reintegración cromática se ha realizado atendiendo a las diferencias de decoloración y al impacto visual de cada desgaste. El resultado es una obra equilibrada, armónica y fiel al espíritu original de Velázquez.

 

Otros lugares donde ha estado expuesta la obra en el Museo del Prado

Durante la historia reciente del Museo del Prado esta obra ha tenido diferentes ubicaciones, dialogando a veces con las otras obras que tuvieron el mismo fin. En esta galería de imagenes presentamos algunas de sus ubicaciones.

Imagen de sala

Sala 12

1900 - 1915

Imagen de sala

Sala 12

1918

Imagen de sala

Sala 12

1977

Imagen de sala

Sala 12

1977

Imagen de sala

Galería central

1978

Imagen de sala

Sala 12

Antes de 1985

Imagen de sala

Sala 12

Marzo de 1985

Imagen de sala

Sala 16

Agosto de 2003

Imagen de sala

Sala 12

Junio de 2010

Imagen de sala

Sala 12

Julio de 2011

 

Otras obras en las que aparece Felipe IV

 
 

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