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Itinerario

Desdibujadas. Parada II. Mujeres en la historia

El Arte, desde sus distintas disciplinas, ha sido una vía de expresión y difusión de ideas y conceptos, de canalización de emociones y reflejo del contexto en el que vivieron sus creadores. La Pintura o la Escultura funcionan, por tanto, como un espejo en el que vemos reflejados los códigos sociales, políticos, ideológicos, religiosos o filosóficos de un tiempo y una cultura determinados.

El uso didáctico e incluso dogmático de la imagen ya existía en Grecia y Roma y continuó a lo largo de la Historia. Desde los mitos y su representación artística se fueron construyendo unos modelos, valores y patrones que se perpetuarían en el tiempo, a veces con leves variaciones, pero que difundían un modelo concreto de qué significaba ser mujer y a qué se asociaba lo femenino. Otros tiempos y culturas vendrían, pero los roles y corsés seguirían siendo los mismos.

Mujeres que jugaron un papel importante en la Historia, mujeres humildes y desconocidas, políticas, creadoras, artistas… todas se vieron afectadas por esas estructuras sociales y de pensamiento. ¿Qué imagen se transmitió de ellas? ¿Cuántas fueron olvidadas? Incluso a día de hoy, contemplamos sus retratos y hay narrativas y códigos que permanecen. ¿Y si miramos desde otra perspectiva?

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Desdibujadas

Historia e historias

Historia e historias
Isabel de Farnesio, Jean Ranc, 1723

Durante siglos, las enciclopedias, los textos especializados, incluso los libros de texto, han hecho poca o ninguna referencia a las figuras de mujeres importantes para la historia de la humanidad y, de ser nombradas, no se incidía en su inteligencia, profesionalidad o valía; tampoco en sus logros y aportaciones. Por el contrario, se destacaban aspectos de índole personal o ligados a su comportamiento, incurriendo incluso en la valoración subjetiva y moralizante y la mirada sesgada al narrar sus biografías.

Detengámonos un instante, recordemos y contemplemos a muchas de las protagonistas de obras de arte que conocemos o hemos podido ver en el Museo del Prado. ¿Qué sabemos de ellas? ¿Con qué palabras se nos las ha descrito, qué se destaca de ellas? ¿Qué adjetivos tenemos asociados a mujeres como María Luisa de Parma, Isabel de Farnesio, Bárbara de Braganza u otras más antiguas; como Cleopatra o Isabel de Castilla?

¿Bellas y seductoras?

¿Bellas y seductoras?
Cleopatra, Guido Reni, 1640

Una de las mujeres más poderosas de la historia, fue sin duda Cleopatra VII, última gobernante de la Dinastía Ptolemaica del Antiguo Egipto.

Las crónicas romanas describían a Cleopatra como una seductora y embaucadora que aprovechaba su belleza para hechizar a los gobernantes y usarlos a su antojo. Hasta el cine de los años sesenta y el cómic continuaron difundiendo esos clichés.

Pero poco se dice de la Cleopatra que dominaba la oratoria, la filosofía griega y las matemáticas y hablaba varias lenguas; de la gran estratega capaz de plantar cara a Roma. Sí sabemos de su belleza, supuesta herramienta para conseguir sus objetivos, y conocemos su suicidio por una picadura de áspid.

Guido Reni no fue capaz de sustraerse a la leyenda de la belleza de Cleopatra, del atractivo exotismo que la rodeaba, del dramatismo de su muerte. La figura histórica se había convertido en un pretexto para que damas de alta clase pudieran tener retratos suyos con un guiño al desnudo, bien para la contemplación privada, bien para regalar a amantes. Pero, como hombre profundamente misógino que era, su Cleopatra de las colecciones del Prado es exquisita en cuanto a técnica, pero transmite una imagen blanda y débil de esta poderosa mujer. La fuerza e inteligencia de Cleopatra se fue diluyendo a través de estos modelos iconográficos.

Ambiciosas y poco agraciadas

Ambiciosas y poco agraciadas
La reina María Luisa de Parma. Francisco de Goya y Lucientes (copia). 1790

Si la belleza era un problema, la falta de ella también. El canon estético tampoco se lo puso fácil a María Luisa de Parma, retratada por diferentes artistas. Goya pintó a la Reina en numerosas ocasiones, pero de forma sumamente interesante en La Familia de Carlos IV. Muchas de las apreciaciones que se han hecho sobre ella a lo largo de los siglos se centraban en que era una mujer poco agraciada, desdentada (los veintitrés embarazos que tuvo deterioraron mucho su estado físico), ambiciosa y adúltera, pues tuvo como amante a Manuel Godoy.

¿Hacemos valoraciones físicas cuando contemplamos los retratos de gobernantes varones? ¿Les creemos más o menos capacitados en función de su aspecto o belleza? ¿Solemos mencionar las amantes que tuvieron los reyes, duques y otros hombres poderosos? Cuando revisamos las figuras de poder masculino ¿empleamos términos como ambicioso, expresiones como “era capaz de hacer cualquier cosa con tal de hacerse o mantenerse en el poder”? ¿Con los mismos matices?

Parte de la leyenda negra en torno a esta mujer la comenzó su propio hijo Fernando VII, quien nunca aprobó la relación de la Reina con Manuel Godoy, describiéndola como madre desnaturalizada. Algo curioso si pensamos que, si bien la relación de Goya con la Reina no era especialmente buena, el artista no caía en la idealización ni hacía concesiones y, sin embargo, la Reina aparece como madre preocupada por sus hijos en el retrato familiar.

Una mujer osaba estar al frente de la Corona, no le importaba que todo el reino supiera de su relación extramatrimonial y defendía para sí los mismos derechos que tenían los varones de su rango. ¿Cuál era el precio a pagar?

Las malas de la Historia

Las malas de la Historia
Isabel de Farnesio. Miguel Jacinto Meléndez. 1718-22

Cuidadoras natas o envidiosas incapaces de trabajar en equipo son dos de los grandes tópicos que han acompañado a las mujeres a lo largo de la historia. ¿Se puede acaso ser ambas cosas? ¿No se trata de un antagonismo? Esa dualidad ha servido para catalogar, definir y aceptar a distintas mujeres que, con sus luces, sus sombras e infinidad de matices, jugaron un papel importante en la historia. ¿Cómo las vemos en la actualidad? ¿Realmente solo existen modelos extremos?

Una de las mujeres peor tratadas por nuestra historia fue Isabel de Farnesio, casada con Felipe V a los veintidós años. Mujer culta, de educación excelsa y gran conocimiento del Arte, fue una de las grandes mecenas artísticas de su tiempo y una figura política de vital importancia. Sin embargo, en muchas crónicas se asocia su energía, inteligencia e intereses a la ambición, el fuerte carácter o la desatención de sus hijos. También se destaca su carácter desinhibido y lascivo, pese a que se sabe que muchos juegos y actividades carnales eran impuestos e incluso inventados por Felipe V.

Independientes y honorables

Independientes y honorables
Bárbara de Braganza, Jean Ranc, 1729

Bárbara de Braganza aparece en las crónicas como mujer discreta, de agradable carácter, moderada en sus costumbres y fiel a su esposo. Precisamente ese “poco dar que hablar” hizo que no se mencionaran otras facetas de su biografía. Dominaba seis lenguas, fue protectora de Carlo Broschi, aprendió música junto a Scarlatti y Benito Jerónimo Feijoo la puso como ejemplo de inteligencia en su texto En defensa de las mujeres.

María Josefa Alonso Pimentel, Duquesa de Osuna, fue una de las mujeres más destacadas de la España del Siglo XVIII. Mantuvo uno de los salones literarios más importantes de Madrid, apoyó económicamente a pintores como Goya e influyó en el gusto artístico de su época. Fue una de las primeras mujeres en ingresar en la Sociedad Económica Matritense y, como ilustrada que era, desde su cargo como presidenta de la Junta de Damas de Honor y Mérito impulsó innovadoras reformas que afectarían a la vida de las mujeres de su tiempo. Abrieron escuelas de enseñanza para niñas, crearon colegios para huérfanas, construyeron maternidades y asilos y mejoraron las condiciones de vida de las mujeres presas. La Duquesa supo, como pocas, transitar por la delgada línea que permitía ser una mujer independiente y, al mismo tiempo, aceptada en sociedad.

Tanto monta, monta tanto

Tanto monta, monta tanto
La Virgen de los Reyes Católicos, Fray Pedro de Salamanca?, 1497

En La Virgen de los Reyes Católicos aparece una de las mujeres a las que el Arte ha hecho más justicia: La reina Isabel la Católica. Hija de Isabel de Portugal y Juan II de Castilla, pronto pudo conocer las intrigas del poder y el papel que las mujeres jugaban en la política, meras piezas de ajedrez en función de las necesidades y objetivos de la Corona. Inteligente y capaz, Isabel se opuso a los deseos de su hermanastro Enrique IV y escogió por sí misma, dueña de su propio destino, cerrando un acuerdo matrimonial con Fernando de Aragón. Gran parte de las nuevas estructuras económicas y administrativas de organización interior, así como las líneas de actuación de la política exterior, fueron trazadas por ella. Eran, desde luego, otros tiempos; pero pocas veces una mujer había conseguido ser valorada y respetada como un igual.

El famoso lema Tanto monta, monta tanto se hace visible en esta pintura. La Reina aparece en la misma posición que el Rey, aunque a nuestra derecha. Está a la misma distancia de la Virgen, goza del mismo estatus y privilegio que Fernando. Las ropas, igual de ricas; los muebles y objetos casi idénticos, la misma actividad y gesto. De hecho, ella está representada un poco más grande en tamaño.

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