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Un Museo para todos
Alicia Quintana Martínez, Jefe de Servicio de Educación, 1983-2007Un Museo para todos
Alicia Quintana Martínez, Jefe de Servicio de Educación, 1983-2007
Exposiciones itinerantes, como aquel "Museo Circulante" que se inventó la República con las Misiones Pedagógica, no pretendía nada más, pero tampoco nada menos que lo que se pretendía. La secretaria y yo hicimos en la carpintería del Museo, pegando las fotos y haciendo cuadros y cajas, una “Invitación al Museo del Prado”, así se llamaba. Tenía siete cajas considerables, con reproducciones montadas como cuadros, con cartelas, un aparato explicativo, y se alquilaba a los centros escolares. Allí se colgaban. Entonces no había reproducciones fotográficas; empleamos aquello que se llama “artóleos”, que eran reproducciones fotográficas sobre tela; pero el tamaño era el que había, entonces iba el del Autorretrato de Durero en pequeño, y el de Las meninas, más o menos igual. No pretendía nada más, pero tampoco nada menos. Esos dos juegos estuvieron circulando.
El programa que más me interesó fue el que hubo en varios cuarteles, y sobre todo en varias cárceles. En la cárcel ocurrió que un señor decía: “Este Murillo, con tanto niños, debía ser un pederasta”. Otro señor de su misma calaña y edad, al que le gustaron los cuadros de Nastagio degli Onesti de Botticelli, que era el cuento del Decamerón, decía: “Mañana voy a la biblioteca a ver si tiene el Decamerón”. Y le dice uno: “Pero si tú no sabes leer”; y respondía: “Pero alguien me lo leerá”. O sea, que todo ese ambientillo en las cárceles era magnífico, y también hacíamos allí conferencias.
Después, cuando se incorporó la compañera argentina Isabel Caride, una creativa impresionante, fabricó dos maletas didácticas, dos exposiciones que eran “Las meninas viajeras”, con todo lo de Las meninas, en dos cajas de buen tamaño, para lo cual tuvimos que contratar a un pintor, para que nos pintara Las meninas en fases. Es decir, el principio con el dibujo —aunque Velázquez no hacía dibujo— luego la preparación y el resto de capas. Aquel tipo, al que le conseguimos permiso para estar solo en la sala de Las meninas cuando el Museo estaba cerrado, creíamos que le iba a dar un shock de lo contento que estaba.
Estas eran exposiciones de aula, es decir, las montaba el profesor en su aula y trabajaban en todos los niveles. Y las otras eran del centro. El follón era arrastrar esas exposiciones. Cuando las hicimos estábamos en el Casón pero después nos trasladaron. Estuvimos en Villahermosa, después en la casita norte de Villanueva; después nos llevaron a Claudio Coello, una locura inconmensurable, porque era un edificio del legado Villaescusa y nos llevaron allí que era espantoso, a siete kilómetros del Museo. Yo me venía los miércoles a comer aquí, a ver en la biblioteca qué había venido nuevo y entonces arrastrábamos las exposiciones de un lugar a otro. Las cajas estaban por ejemplo en Claudio Coello, llegaban las furgonetas de los centros y las cogían; era una cosa aparatosísima pero compensaba su éxito. Y esas fueron las actividades hacia afuera, aparte de ir a dar conferencias a centros de profesores, atender visitas especiales, por ejemplo de centros de educación especial. Fue muy enriquecedor y trabajábamos como locos.
Catedrática de Instituto, se incorpora al Museo bajo la dirección de Alfonso Pérez Sánchez para crear el Gabinete Didáctico, origen del actual Área de Educación. En 1986 es nombrada Jefe del Departamento Didáctico-Pedagógico.
Entrevista realizada el 04 de junio de 2018
Índice entrevista
4 / 19-
Entré para constituir un departamento de Educación -
Un modo elegante de ganarse la vida -
Por dónde empezar -
Un Museo para todos -
La creación de la Escuela taller -
Sillas para el Prado -
Gabinete didáctico a distancia -
¿Pedagogía del arte? -
El Museo online -
Las meninas y la perspectiva aérea -
Los algodones de Alberti -
Manuela Mena, diáfana -
Alfonso Pérez Sánchez, imparable -
Comunicación interna -
"El Prado de los niños" -
La Condesa de Chinchón por temporadas -
Zugaza, un punto de inflexión -
Poner precio a las pinturas -
Sin mucha inquina pero un mal final