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Coello, Claudio

Madrid, 1642 - Madrid, 1693

Es uno de los principales representantes de la escuela barroca madrileña. Nace en Madrid en el seno de una familia de origen portugués. Su padre, broncista de profesión, le envía al taller de Francisco Rizi para que aprenda a dibujar. Durante este periodo estudia a fondo los dibujos de su maestro y es posible incluso que le ayudara en algunos encargos para escenarios teatrales. A través del propio Rizi y de su amistad con el pintor Juan Carreño de Miranda, tiene acceso a las colecciones de pintura del Alcázar de Madrid, donde se aplica en copiar a los grandes maestros antiguos y modernos, entre ellos a Tiziano, Veronés, Bassano, Giordano, Van Dyck o Rubens, en cuya obra se inspirará en más de una ocasión. El primer encargo de Coello a gran escala del que se tiene constancia documental es las pinturas para el altar mayor de la iglesia madrileña de Santa Cruz (h. 1666, destruidas). No obstante, ya antes había realizado obras de gran solidez y en las que se revela su profundo conocimiento de las escuelas flamenca y veneciana, como Susana y los viejos (1663, Museo Ferré de Ponce, Puerto Rico) o El triunfo de san Agustín (Prado). Su gran oportunidad le llega, sin embargo, en 1668, cuando lleva a cabo una serie de pinturas para la iglesia de San Plácido en Madrid, en la que también había intervenido su maestro Rizi. La tabla central de Coello, Anunciación, muestra ya su fastuoso sentido escenográfico y su gusto por las composiciones dinámicas y el colorido brillante y expansivo. A partir de este momento, y hasta 1683, acometerá numerosos encargos para iglesias madrileñas. En la década de 1670 se inicia su carrera como fresquista, en la que da rienda suelta a su gusto por las arquitecturas fingidas, siguiendo la estela de Mitelli y Colonna. Entre sus trabajos al fresco cabe destacar dos realizados en Madrid, con la colaboración de José Jiménez Donoso: la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor y el Colegio Imperial de los jesuitas (hoy catedral de San Isidro, destruidos durante la Guerra Civil Española). La relación de Coello con la Corona se inicia en 1679, cuando colabora en la decoración de los arcos triunfales que celebran la entrada en Madrid de María Luisa de Orleans, primera esposa de Carlos II. Cuatro años después, en marzo de 1683, es nombrado pintor del Rey mediante Real Decreto. Su repertorio de asuntos, dominado por lo religioso y muy fiel a la sensibilidad de la Contrarreforma, se amplía al retrato. De este momento es el ciclo de frescos más extenso que se conserva de su mano, el que realiza para el Colegio de Santo Tomás de Villanueva en Zaragoza (1684, también conocido como la Mantería) en colaboración con Sebastián Muñoz. El año de 1685 es clave en su trayectoria, ya que empieza a trabajar en el retablo de la sacristía de El Escorial para el que pintó, La Sagrada Forma, encargado a su maestro Rizi, que murió sin realizarlo, y en el que trabajará de manera intermitente durante cinco años. En él aparecen representados los principales personajes de la corte, encabezados por el propio monarca Carlos II, quien se arrodilla en oración ante la Sagrada Forma, siendo ésta uno de los ejes medulares del programa iconográfico de la basílica de El Escorial. Se trata de su obra más ambiciosa, en la que muestra un sentido del espacio y de la atmósfera dignos de Velázquez y en la que utiliza todos los resortes del lenguaje teatral e ilusionista del barroco. El éxito del cuadro le granjeará el nombramiento de pintor de cámara, vacante tras la muerte de Rizi y Carreño. En sus últimos años, su productividad decae y, junto a su trabajo de pintor, realiza otras actividades como supervisar las colecciones reales, restaurar sus obras y tasar colecciones pictóricas. La irrupción en la corte del italiano Luca Giordano, que le sustituye al frente del gran proyecto decorativo de El Escorial, supone su definitivo desplazamiento. A pesar de que no se detectan en su trayectoria grandes cambios de estilo, con el paso del tiempo sus figuras ganarán en solidez, el modelado se hará más escultórico y los fondos arquitectónicos, al principio muy complejos, se volverán más sencillos y rotundos (González Escribano, R. en E. M. N. P., Madrid, 2006, tomo III, págs. 741-743).

Su retrato realizado por Ramón Barba corresponde a la obra E00846 del Museo del Prado.

Obras (16)

San Antonio de Padua
Óleo sobre lienzo, Segunda mitad del siglo XVII
Coello, Claudio
La Inmaculada Concepción
Óleo sobre lienzo, Segunda mitad del siglo XVII
Coello, Claudio
La Virgen y el Niño adorados por san Luis, rey de Francia
Óleo sobre lienzo, Hacia 1665
Coello, Claudio
Jesús niño, en la puerta del Templo
Óleo sobre lienzo, 1660
Coello, Claudio
El triunfo de san Agustín
Óleo sobre lienzo, 1664
Coello, Claudio
La Virgen con el Niño entre las Virtudes Teologales y santos
Óleo sobre lienzo, 1669
Coello, Claudio
Santo Domingo de Guzmán
Óleo sobre lienzo, Hacia 1685
Coello, Claudio
Santa Rosa de Lima
Óleo sobre lienzo, 1683
Coello, Claudio
El padre Cabanillas
Óleo sobre lienzo, 1689 - 1693
Coello, Claudio

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