Elías en el carro de fuego
1665 - 1670. Lápiz negro sobre papel verjurado, 305 x 210 mmNo expuesto
No conocemos dibujos preparatorios seguros de Herrera el Mozo para cuadros de altar. Sin embargo, es muy probable que esta hoja sea uno de ellos, en concreto para alguna de las escenas de un retablo para los carmelitas descalzos -a juzgar por los hábitos que visten los protagonistas-, orden con la que Herrera trabajó nada más llegar de Italia ejecutando las pinturas destinadas al retablo mayor de la iglesia del convento de San Hermenegildo en Madrid. Más allá del contrato para este retablo, no tenemos ninguna otra documentación que acredite un encargo relacionado con el asunto aquí representado, Elías en el carro de fuego, que describe con gran detalle el pasaje bíblico del Libro de los Reyes, IV (2,11-14): “Y he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego separó a uno de otro [Elías y Eliseo], y Elías subía al cielo en el torbellino. Eliseo miraba y clamaba: ¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel, y auriga suyo! Y no le vio más; y cogiendo sus vestidos los rasgó en dos trozos, y cogió el manto de Elías, que este había dejado caer. Volvióse después, y parándose a la orilla del Jordán, cogió el manto que Elías había dejado caer…”.
Herrera ha representado a Elías subido en el carro de fuego en actitud gesticulante y mirando a Eliseo que se encuentra abajo y alza su brazo para recoger el manto que su maestro deja caer, y que, en clave metafórica, representa la continuidad de los carmelitas, pues ambos aparecen ataviados con el hábito de la orden. Sus rasgos faciales, muy abocetados, resueltos apenas con puntos para indicar ojos, nariz y boca, son los propios de la manera del artista. En la parte inferior del dibujo se intuye el esbozo de una ciudad y, en el margen izquierdo, de vegetación dispuesta de manera similar a como se ve en la pintura del Sueño de san José de Aldeavieja de Ávila.
Por la técnica que se trasluce en el manejo del lápiz negro, Jonathan Brown atribuyó de manera convincente a Herrera el Mozo este dibujo, que consideró uno de los más hermosos del artista ideados con esta técnica y fechó hacia después de 1670. La autoría es perfectamente verosímil, a juzgar sobre todo por el trazo largo y enérgico de las líneas rectas y quebradas que encontramos en algunos de sus diseños. También característicos de su mano son los trazos con los que perfila las crines de los caballos, sus patas y el carro de fuego, una especie de maraña de líneas evanescentes que le son tan propias y que hallamos sin dificultad en otros dibujos de su mano.
El medio punto que remata la hoja nos indica que estamos ante un dibujo preparatorio para un altar, probablemente mayor por su empeño y por las dimensiones considerables del soporte. Este carácter monumental nos lleva asimismo a pensar que pudiera tratarse de un dibujo para presentar al comitente. En cuanto a su datación, como señaló Pérez Sánchez, creemos que habría que adelantar las fechas propuestas por Brown para este dibujo, siendo más adecuado situarlo en torno a los años de 1660.
Navarrete Prieto, Benito, 'Francisco de Herrera, el Mozo. Elías en el carro de fuego'. En: Herrera el Mozo y el Barroco total, Madrid, Museo Nacional del Prado,, 2023, p.230 nº 47