Un general de artillería ¿Diego de Quiroga Fajardo?)
Hacia 1665. Óleo sobre lienzo, 202 x 135 cmNo expuesto
Una de las facetas más desconocidas de Herrera fue la de retratista. Este retrato, excepcional y de excelente calidad, calificado de "soberbio y sorprendente" por Pérez Sánchez, ha mantenido hasta 2023 la atribución a Francisco Rizi que le diera Pedro de Madrazo.
El personaje es un general de artillería representado ante un paisaje al aire libre, a los pies de lo que parece una pared rocosa y apoyado en una rueda de cañón junto a la que descansan dos balas en una zona en penumbra. El general se presenta con un bastón de mando en la mano derecha y un sombrero negro de plumas blancas en la otra, luce cuello blanco ancho a la francesa y pelo largo, y cruza su traje gambeto de terciopelo negro con mangas vueltas de piel de lobo un talabarte de cuero del que pende una venera de la Orden de Calatrava.
Por fechas, las posibilidades de identificación se reducen a dos personas que sí fueron calatravos: Alonso Dávila y Guzmán, señor de Arevalillo y Hernán Gallego, consejero del Consejo Supremo de Guerra y general de artillería del ejército de Badajoz, caballero de Calatrava desde 1646, y el madrileño Diego de Quiroga Fajardo, caballero de Calatrava desde 1649, general de artillería en el reino de Nápoles y del Consejo Colateral. Lo más plausible es que pueda tratarse de este último por sus vínculos con la corte en el momento en el que Herrera ascendía socialmente, en fechas cercanas a 1660-1665.
En lo que respecta a la atribución a Francisco de Herrera el Mozo, los estudios que el gabinete técnico del Museo del Prado ha realizado de esta pintura han sido definitivos para confirmarla. La forma de modelar las botas a la chamberga —que siguen la moda francesa— mediante pinceladas sueltas, especialmente características en la parte alta del calzado que se abre para mostrar unas calzas blancas y azuladas, así como el plumaje del sombrero, revelan su característico toque de pincel, también visible en la forma de resolver las manos. Lo mismo podemos decir del paisaje que se describe a la izquierda del lienzo, cuya reflectografía infrarroja desvela ciertos arrastrados de pincel en las plantas similares a los que encontramos en el paisaje del Sueño de san José del retablo de Aldeavieja. Idéntica manera de restregar la materia pictórica de forma rápida y dejando huella de la trayectoria de la pincelada se advierte en el cuello blanco del general, donde el óleo se concentra en los surcos por el uso de un pincel de cerdas gruesas, según delata la reflectografía. La fotografía ultravioleta muestra los empastes con los que se ha modelado la efigie, así como el golpe de luz en la nariz, muy cercanos a los del retrato de Luis García de Cerecedo (en paradero desconocido). Otro elemento que vincula esta obra con la manera de hacer de Herrera es la forma de siluetear la figura, dejando alrededor de ella marcas de arrastre y de algo similar a una plantilla, un procedimiento que se advierte asimismo en los perfiles del San Pedro de los agustinos recoletos. Los estudios técnicos en torno a la tela con ligamento de tafetán sobre la que se pintó el General indican que procede del mismo rollo que el lienzo que se empleó en la ejecución del cuadro de San Pedro.
Navarrete Prieto, Benito, 'Francisco de Herrera, el Mozo. Un general de artillería ¿Diego Quiroga Fajardo?. En: Herrera el Mozo y el Barroco total, Madrid, Museo Nacional del Prado,, 2023, p.206-209 nº 35