Faraón (?)
Mediados del siglo XVIII. Lápiz sobre papel, 480 x 337 mmNo expuesto
Esta obra se conserva en el Museo del Prado, siendo conocida como Estatua egipcia (E000414). La única diferencia con el dibujo radica en la pérdida de todos los dedos de ambas manos, pérdida reciente, puesto que aún aparece la figura completa en el catálogo de Blanco (1957). El dibujo de esta pieza en el Álbum del Carpio revela ciertas variantes, tanto en la forma del tocado como en la colocación de los brazos; en el primer punto cabría propugnar una modificación del paño del tocado por parte de un restaurador del s. XVIII; en cambio, el segundo punto podría ser explicado por la falta de atención del dibujante y por su escasa habilidad a la hora de fijar el escorzo de los miembros.
Por su parte, la pieza esculpida en basaltos negro y gris, está muy restaurada, y su iconografía dista de ser concreta. Pisa un animal extraño, que Blanco identificaba con una mangosta, frente a la práctica totalidad de los estudiosos desde Hübner, que piensan más bien en un cocodrilo; en efecto, es probable que esta última sea la solución correcta, y que en una restauración se puliese e igualase la boca del saurio, acaso rota accidentalmente. Sin embargo, tampoco cabría descartar que los pies y el animal perteneciesen en principio a otra escultura, o incluso que sean un añadido barroco, acaso inspirado en la escultura que aparece representada en el dibujo 11. Descartada la fantasiosa identificación de Ajello, es preferible pensar en la imagen de un sacerdote, tal como proponen Tormo y Roullet, y acaso en concreto en un sacerdote de Isis. Otra posibilidad es la de un error de la nota manuscrita de B., el cual, ante una descripción poco clara de Ajello, intercambiase las identificaciones de esta estatua y de la representada en el dibujo 7 (la otra pieza conservada en el Prado:) en efecto, resultaría lógico asociar por la presencia del animal la presente escultura y la representada en el dibujo 11: si esta última representa a la "Diana de Bubastis" (es decir, a Bastet, la diosa-gata), el mismo animal caracterizaría a su sacerdote. Permanece sin solución el problema del origen de esta escultura y de la otra conservada hoy en el Prado. Ambas tienen un estilo egiptizante que las emparenta con las ocho perdidas, procedentes sin duda alguna de Tívoli, pero también muestran unas cascadas de pliegues clasicistas que las diferencian claramente de ellas. En tales circunstancias, la pretendida procedencia de la propia villa de Adriano debe verse como una hipótesis sólo verosímil, y desde luego indemostrable.
El dibujo forma parte del conocido como Cuaderno de Ajello formado por un conjunto de cincuenta y nueve hojas sueltas, con dibujos a lápiz, destinadas a servir de modelo para la realización de una serie de grabados, que debían ilustrar un catálogo descriptivo de las esculturas reunidas por Felipe V y su esposa, Isabel Farnesio, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.
Elvira Barba, Miguel Ángel, El Cuaderno de Ajello y las esculturas del Museo del Prado, Madrid, Museo del Prado, 1998, p.38-39