Atenea Prómacos
Mediados del siglo XVIII. Lápiz sobre papel, 480 x 337 mmNo expuesto
El presente dibujo representa, con todas sus restauraciones barrocas, el estado en que se encontraba a mediados del siglo XVIII la Atenea Promacos (E000024) hoy expuesta en el Museo y restaurada en 1998 por S. Bertolin. Como ya hemos anunciado, la colocación de este dibujo y los D003859 y D003860 rompiendo la sucesión lógica de las Musas, ha de considerarse un error de quien escribió a pluma los números de los dibujos: acaso halló descolocadas estas tres hojas después de la ordenación que hizo del Cuaderno de Ajello don Benito Vicens.
La escultura, copia romana de una obra de mediados del siglo V a. C., acaso la Atenea Prómacos de Fidias, aparece ya documentada en la coleccioin de Cristina de Suecia. Después, pasa a la colección de Livio Odescalchi, se localiza entre las obras embarcadas para España en 1725 y llega, finalmente, a La Granja.
Con Carlos IV la obra pasa a Aranjuez junto a la Venus de Madrid (D003854). No se sabe cuándo fue traída al Prado, pero pronto se le quitaron la cabeza, pieza hoy conservada en el Museo (E000649) y los brazos. Además, dado que la escultura, hasta su reciente restauracion, estaba compuesta por tres fragmentos independientes, con cortes a la altura de la cintura y de los tobillos, es muy probable que se le retirasen por algñun tiempo los pies, lo que explicaría la lacónica descripción y las medidas del inventario de 1849-1857, donde la figura aparece reseñada, como confirman fotos posteriores, en que aparece aún este número en la base, como la pieza no760.
Pero la pérdida de los pies, señalada también por B. en su nota a la presente lámina, debió de ser pasajera: Hübner ya los describe en 1862, lo que permitiría, por cierto, fijar los textos de B. inmediatamente antes y las fotografías tomadas a principios de nuestro siglo muestran que, para dar estabilidad a la obra, se consideró pertinente durante varias décadas hacer reposar su brazo izquierdo sobre una espacie de barra a modo de bastón o muleta. Tal aditamento se mantuvo sin duda hasta mediados de siglo.
El dibujo forma parte del conocido como Cuaderno de Ajello formado por un conjunto de cincuenta y nueve hojas sueltas, con dibujos a lápiz, destinadas a servir de modelo para la realización de una serie de grabados, que debían ilustrar un catálogo descriptivo de las esculturas reunidas por Felipe V y su esposa, Isabel Farnesio, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.
Elvira Barba, Miguel Ángel, El Cuaderno de Ajello y las esculturas del Museo del Prado, Madrid, Museo del Prado, 1998, p.98-101