La Huida a Egipto
1772 - 1774. Aguafuerte sobre papel verjurado, 211 x 153 mmNo expuesto
La estampa de "La Huida a Egipto", mencionada en el “Ensayo para el arreglo por escuelas o reinos de una colección de estampas escogidas…” de Juan Agustín Ceán Bermúdez, fechado en 1791, se considera la primera conocida de Goya. Precede a un conjunto de ejemplares sueltos, que no forman una serie y que se datan en fechas cercanas a su llegada a Madrid en enero de 1775. Su valor, especialmente en este caso, reside, más que en su mérito artístico, en su rareza y escaso número, tratándose asimismo de documentos que demuestran el temprano interés del artista por el grabado.
Se conservan aguafuertes de tema religioso de otros artistas contemporáneos a Goya, como Francisco y Ramón Bayeu, Mariano Salvador Maella, José Camarón (G67) y José del Castillo (G1778), que muestran influencias similares. Sin embargo, ninguno adquirió la dimensión absolutamente excepcional de Goya, ni mucho menos su maestría técnica. La primera aproximación del artista al grabado debió de darse en el taller de José Luzán, donde las estampas serían, como en cualquier taller de un pintor desde el Renacimiento, un ineludible instrumento de aprendizaje e inspiración artística, de donde tomar modelos. Fue probablemente durante su estancia en Italia, donde existía una aceptación generalizada de las obras de Giovanni Battista Piranesi o de los Tiepolo, cuando se decidiese a experimentar con esta forma de expresión artística. Precisamente un aguafuerte de Giandomenico Tiepolo (1727-1804) perteneciente a la serie de La Fugga in Egitto se ha propuesto como posible fuente de inspiración para este grabado de Goya, tanto por la temática como por el modo de trabajar con el aguafuerte, dejando amplias superficies en blanco y tratando los volúmenes con abundantes y cortas líneas paralelas. La inclusión en la estampa de la firma “Goya inv.t et fecit” refuerza la voluntad del artista de precisar su doble faceta de creador de composiciones y grabador, siguiendo una forma moderna de determinar la autoría.
Su estilo primitivo se caracteriza por un sencillo trazo lineal con el que marca el contorno de las figuras, cuyo volumen se crea mediante un sombreado elaborado a base de pequeñas líneas paralelas o cruzadas entre sí, dejando a su vez amplios espacios en blanco para las partes luminosas. Del mismo modo se elabora el fondo de paisaje, realizado de modo muy somero. Se ha indicado en alguna ocasión que el tratamiento es sencillo y convencional en el uso exclusivo de la línea. Sin embargo, el vigor en el planteamiento de las figuras, su gravedad y monumentalidad escultórica, equivalente a la que imprime a su pintura en esas fechas, especialmente en el ciclo para la cartuja de Aula Dei (Zaragoza), así como los efectos de luz, indican la mirada y el pensamiento de un artista original, muy distinto de otros, y ya plenamente reconocible.
Debe destacarse igualmente la naturalidad y ternura que emana de la imagen, en especial de la actitud de san José que, mientras conduce al asno con su mano derecha, sujeta con su izquierda el brazo del Niño a la vez que mira a la Virgen. Por este motivo está representado sin la habitual vara florida que le identifica. Su modelo se asemeja a la figura de san José que aparece en la misma escena en el lienzo conservado en el convento de carmelitas descalzas de Cuenca. Asimismo, los asnos de ambas obras son similares y relacionables con un dibujo de la cabeza de dicho animal incluido en el Cuaderno italiano.
El escaso número de estampas de La Huida a Egipto que se conservan y se referencian en la bibliografía, todas del mismo estado, indica que debió de hacer una edición muy reducida. El catálogo de las estampas de Goya elaborado por Tomás Harris en 1964 (v. II, n.o 1), que todavía constituye un instrumento esencial de trabajo, menciona ejemplares en Berlín, Kupferstichkabinett (ex. Félix Boix; reproducido en Loga 1907, G6618/1-1); Madrid, Biblioteca Nacional de España; París, Bibliothèque Nationale de France; Madrid, marqués de Torrehermosa y tres referencias a las antiguas colecciones de José Sánchez Gerona, Georges Provôt y Maurice Pereire.