San Mateo y san Marcos
1663 - 1664. Aguada agrisada, Tinta parda, Pluma sobre papel blanco, 144 x 226 mmNo expuesto
En esta hoja se representa a los evangelistas san Mateo y san Marcos, que aparecen con sus correspondientes atributos, el primero con el ángel y el segundo con el león, y ambos escribiendo a pluma sus respectivos evangelios. Se trata muy probablemente de un dibujo preparatorio para una pintura mural. Aunque desgraciadamente no nos ha llegado ningún ejemplo de la dedicación de Herrera a la pintura al fresco, sí sabemos que se dio a conocer en Madrid precisamente por su labor como fresquita. Por ello, Pérez Sánchez planteó esta hipótesis sobre el carácter del dibujo, creemos que con acierto, principalmente por la forma en como se ha concebido, con un punto de vista de abajo a arriba (de sotto in sù) que permite apreciar la monumentalidad de las figuras. Probablemente, estos evangelistas irían emparejados con los otros dos, san Lucas y san Juan, para dar sentido al conjunto en el que se insertarían. Dicho conjunto podría ser el de las pinturas al fresco para la cúpula de la capilla de Nuestra Señora de Atocha, encargo que Herrera ejecutó entre 1663 y 1665 y cuyo éxito le permitió darse a conocer en la corte. Palomino describía así las pinturas y arquitectura de dicha cúpula: “la Asunción de Nuestra Señora, con el apostolado en las barandillas, que finge sobre el anillo de la cornisa, recibida sobre muy galante arquitectura de columnas salomónicas; y en el presbiterio, y pechinas diferentes medallas, y adornos de estuque, con extremado gusto, y capricho”.
En este dibujo se aprecia el trazo vibrante y nervioso de la pluma -o desflecado, como lo calificó Pérez Sánchez- tan característico de Herrera, con el que imprime movimiento a los cabellos acaracolados y que reduce a apenas unos toques rápidos para indicar los ojos, la nariz y la boca. En el san Marcos encontramos además el típico trazo alargado para definir los ojos y el perfil triangular del rostro al que nos tiene habituados. Con respecto al san Mateo, su cuerpo, más abierto en su concepción, es producto de esa estilización a la que el Mozo sometía a sus figuras, y es igualmente propio de su registro el plumeado nervioso con el que se resuelve la mano derecha y el rayado que resalta las zonas en sombra bajo el libro y las piernas para dotar de volumen a la figura mediante poderosos efectos de contraluz a los que era tan proclive. Como ocurre en los dibujos de su primera etapa, de hacia 1654, combinó perfectamente los trazos de pluma con la aguada, potenciando así el movimiento de los plegados del ropaje. Aquí vemos una cierta evolución en el trazo con respecto a ese primer momento, un cierto amaneramiento que es consecuencia de la evolución que advertimos en sus dibujos, y que le llevó a introducir numerosos cambios en sus formas gráficas y su ductus.
Navarrete Prieto, Benito, 'Francisco de Herrera, el Mozo. San Mateo y San Marcos'. En: Herrera el Mozo y el Barroco total, Madrid, Museo Nacional del Prado,, 2023, p.226-227 nº 44