Si es delinquente que muera presto
Hacia 1815. Aguafuerte sobre papel verjurado, 250 x 190 mmNo expuesto
Uno de los aspectos más destacados de la obra de Goya es su marcada ideología, directamente relacionada con las corrientes reformadoras de la sociedad de su tiempo. Hasta tal punto está presente esta ideología que podríamos afirmar, sin temor a exagerar, que Goya además de artista fue sobre todo un pensador. En una imagen, a veces de gran simplicidad, asume los postulados esenciales de las nuevas ideas y , de forma crítica, convierte sus obras en dardos contra la tradición y las costumbres basadas en la irracionalidad.
La preocupación por los abusos de la autoridad es una constante en su obra desde la década de los noventas. Si es te tema es excepcional en el panorama artístico español de su tiempo, es sin embargo uno de los aspectos jurídicos más importantes de finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Es en este ambiente en el que debemos entender esta preocupación de Goya por mostrar la crueldad en el trato a los presos.
Al final del álbum que Goya regaló a Ceán con los Desastres de la Guerra, hay pegados -que no encuadernados- tres aguafuertes con presos encadenados. Los títulos manuscritos en ellos concuerdan con el lenguaje y las expresiones que se utilizaban en el contexto jurídico anteriormente citado: Tan bárbara la seguridad con el delito, La seguridad de un reo no exige tormento y Si es delincuente que muera presto. En este último caso, es posible advertir el habitual tono satírico que Goya emplea en sus estampas.
Para la elaboración de estos grabados se conservan algunos dibujos preparatorios relacionados, tales como Prisionero encadenado de frente, que constituye seguramente una primera idea para la estampa titulada Tan bárbara la seguridad como el delito, y un segundo dibujo titulado Prisionero encadenado de perfil (D04327), que está directamente relacionado con la estampa Si es delincuente que muera presto (G00728).
El dibujo está elaborado a base de intensas manchas de aguada reforzadas con trazos de tinta a pincel, recrea el ambiente de las ergástulas, con sólidos muros de piedra y arquitecturas abovedadas que recuerdan las cárceles de Giambattista Piranesi, y que tan presentes están en su obra desde los Caprichos. En un principio Goya había situado la cabeza del reo erguida, para luego mostrarla caída, en una prisión asfixiante que le obliga a mantener sus piernas, también atadas con grilletes, extendidas. A la crueldad del modo en que está atado se añade la representación del tiempo que ha permanecido prisionero y que se demuestra a través de una abundante cabellera que le cubre el rostro. La estampa es, sin embargo, menos dramática, pues el prisionero, pese a la incomodidad de la postura a que le obliga la cadena, puede apoyarse ligeramente sobre una piedra que le sirve de asiento.
Su inoportunidad política motivó que, al igual que la serie de los Desastres , las planchas no fuesen publicadas en vida del artista, y que se dispersasen en la venta de bienes que hizo su nieto Mariano (Texto extractado de Matilla, J. M.: “1808-1814. "Los años de la Guerra de la Independencia", en Goya en tiempos de guerra, Madrid: Museo del Prado, 2008, pp. 350-352.