Trompeteros
Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 92 x 116 cmDepósito en otra institución
El cuadro forma parte de un conjunto dedicado a los fastos de los emperadores, dentro de la serie de la Historia de Roma para el palacio del Buen Retiro. Son dos los temas tratados, el triunfo y la muerte del emperador, seguida de su divinización o consecratio. Los dos autores que sirvieron de inspiración fueron Onofrio Panvinio y Justo Lipsio. El primero dedicó a estos asuntos dos obras magníficamente ilustradas: De ludis circensibus y Veterum romanorum ornatissimi amplissimi thriumphi, este último con desplegables en los que se describen las entradas triunfales de Lucio Emilio Paulo, Escipión el Africano, Pompeyo, Augusto, Vespasiano, Trajano y otros emperadores. En ellos se percibe claramente el sentido procesional que presidía estos acontecimientos, así como las distintas ceremonias que se desarrollaban a su paso. La primera era la arenga del emperador triunfante (alocutio), a la que seguía el sacrificio (sacrificium). Después comenzaba propiamente el desfile hacia el templo de Juno Capitolino, en el que estos artistas dispusieron los grupos de figuras a modo de friso: tropas, vencidos, estandartes, trompeteros, senadores, magistrados, líctores y, naturalmente, el emperador triunfante, acompañado de una figurita alada que portaba la palma y la corona de la victoria. Esta disposición del espacio y su sentido narrativo parece haber estado en la mente de los responsables para dar sentido al conjunto del Retiro, recreando sus episodios más importantes. Primero la Alocución, seguida del Sacrificio, ambos en cuadros de Lanfranco (P236 y P2943); posteriormente y por partida triple, los emperadores, uno de Lanfranco, con los vencidos (Patrimonio Nacional, Inv. 100113395), y dos de Gargiulo y Codazzi, que evocan fielmente la marcha zigzagueante de los grabados de Panvinio y de Giacomo Lauro (P238 y P237), contando además con el adorno de los Trompeteros representados en esta obra, que carecen de cualquier significado autónomo, fuera de este friso seriado.
A lo largo de las últimas décadas se ha tratado de establecer la existencia de una serie de cuadros relativos a la Historia de Roma, entre los que se encuentra esta obra, encargados por los representantes de Felipe IV en esa ciudad y en Nápoles a partir de una fecha cercana a 1634 para el palacio del Buen Retiro. Persisten veintiocho obras que pueden relacionarse con este proyecto (conservadas principalmente en el Museo del Prado y Patrimonio Nacional), a las que se pueden añadir otras seis más actualmente destruidas o cuyo paradero se desconoce, todas ellas citadas en la Testamentaría de Carlos II. En total, unas treinta y cuatro pinturas, el conjunto más numeroso de todos los del Retiro incluyendo el Salón de Reinos y sólo inferior en número a las escenas mitológicas que en esos mismos años el cardenal-infante don Fernando, hermano del rey, solicitaba a Rubens para la Torre de la Parada. Su número constituye el primer argumento que permite entender la importancia otorgada a este ciclo en el nuevo palacio (Úbeda de los Cobos, A. en: El Palacio del Rey Planeta, 2005: 169-170; 183-184).