Vuelo de brujas
Hacia 1797. Aguada roja, Sanguina sobre papel verjurado, 205 x 133 mmNo expuesto
Por su tema este dibujo se ha relacionado con los Caprichos, aunque no llegó a grabarse y técnicamente difiere de los dibujos preparatorios de la serie. En cualquier caso, son manifiestas las concordancias temáticas con varias escenas de los Caprichos. Una mujer volando sobre tres viejas grotescas es el motivo iconográfico de Volaverunt, y el vuelo de brujas constituye el asunto principal del aguafuerte número 64, Buen viaje, y de los Caprichos 60, 62, 65, 66 y 68, adaptados a partir de dibujos de Sueños. La brujería fue un tema frecuente en las lecturas de las clases cultas de fines del siglo XVIII. Los escritores ilustrados hicieron de esas lecturas un terreno propicio para satirizar y censurar supersticiones muy arraigadas en la mentalidad popular e instrumentalizadas por el clero como medio punitivo de control de las conductas. Goya escoge acciones tópicas del repertorio de prácticas de brujería –como el vuelo– para evidenciar los límites del comportamiento humano.
La inmediatez en la identificación del tema está dirigida a orientar al receptor de la imagen hacia mensajes de mayor complejidad. Para la elaboración de esos niveles superpuestos de significado el artista emplea elementos visuales de carácter anfibológico, reforzados generalmente mediante títulos o leyendas también con doble sentido. En Vuelo de brujas una joven desnuda cabalga en el aire sobre el lomo de un macho cabrío, que a su vez monta a una figura grotesca y esta vuela asida a la espalda de otro ser infernal, conformando una secuencia de cuerpos concatenados. Las dos brujas inferiores soportan al gran cabrón, caracterización vulgar del diablo, y sostienen antorchas encendidas que guían su viaje en la noche. El nivel más superficial de lectura remite a una escena de brujería, pero el autor ha utilizado resortes iconográficos que permiten intuir otros significados. Recursos como la nocturnidad –el escenario de los actos inmorales–, la desnudez del cuerpo femenino –metáfora de la pasión y el deseo–, la presencia del cabrón –alegoría de la lujuria–, las brujas soportando el peso de la caterva diabólica –mediadoras en el comercio carnal– y, particularmente, la lasciva apertura de las piernas de la mujer y la disposición copulativa de los cuerpos. Son patentes las alusiones sexuales de la imagen. Ninguna escena de vuelo de brujas en los Caprichos escapa a esa interpretación sexual. Así lo insinúan las leyendas de los Sueños correspondientes y, de forma mucho más directa, las explicaciones manuscritas de los contemporáneos de Goya. Los Caprichos 60 –donde destaca la presencia dominante del macho cabrío–, 66 y 68 describen experiencias iniciáticas de jóvenes primerizas bajo la tutela de alcahuetas transformadas en brujas. En los comentarios de los Caprichos 62, 64 y 65 se mencionan la fornicación, la lujuria, la sodomía, la lascivia. La literatura española de los siglos XVII y XVIII empleó con frecuencia el vínculo entre el cabrón, la alcahueta y la prostituta. «El cabrón es animal muy lujurioso», escribía en 1615 Diego López. En el Buscón de Quevedo, una de las más divulgadas novelas picarescas del Siglo de Oro, cuya primera edición vio la luz en 1626, se describen los habituales enredos de la alcahueta: «Se dijo no sé qué de un cabrón y volar [...], hubo fama de que reedificaba doncellas [...], unos la llamaban zurcidora de gustos, otros, algebrista de voluntades desconcertadas, y por mal nombre alcahueta». Las brujas y el macho cabrío personifican en el dibujo a los males sociales de la superstición y el vicio, responsables de convertir el sexo en mercancía.” (J. Blas, “Vuelo de brujas”, en J. M. Matilla, M. B. Mena Marqués (dir.), Goya: Luces y Sombras, Barcelona: Fundación "la Caixa", Barcelona: Obra Social "la Caixa"-Madrid: Museo Nacional del Prado, 2012, p. 122, n. 18)