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Itinerario

Desdibujadas. Parada I. Mujer y estereotipos

El Arte, desde sus distintas disciplinas, ha sido una vía de expresión y difusión de ideas y conceptos, de canalización de emociones y reflejo del contexto en el que vivieron sus creadores. La Pintura o la Escultura funcionan, por tanto, como un espejo en el que vemos reflejados los códigos sociales, políticos, ideológicos, religiosos o filosóficos de un tiempo y una cultura determinados.

El uso didáctico e incluso dogmático de la imagen ya existía en Grecia y Roma y continuó a lo largo de la Historia. Desde los mitos y su representación artística se fueron construyendo unos modelos, valores y patrones que se perpetuarían en el tiempo, a veces con leves variaciones, pero que difundían un modelo concreto de qué significaba ser mujer y a qué se asociaba lo femenino. Otros tiempos y culturas vendrían, pero los roles y corsés seguirían siendo los mismos.

Mujeres que jugaron un papel importante en la Historia, mujeres humildes y desconocidas, políticas, creadoras, artistas… todas se vieron afectadas por esas estructuras sociales y de pensamiento. ¿Qué imagen se transmitió de ellas? ¿Cuántas fueron olvidadas? Incluso a día de hoy, contemplamos sus retratos y hay narrativas y códigos que permanecen. ¿Y si miramos desde otra perspectiva?

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Desdibujadas

Cultura visual y modelo

Cultura visual y modelo
El Juicio de Paris, Rubens, 1638.

Los mitos no solo eran narraciones que trataban de dar respuesta a las grandes preguntas del ser humano, sino que encerraban también modelos y códigos de comportamiento. Diosas y dioses eran reflejo de los derechos y roles que tenían y jugaban en la sociedad mujeres y hombres; funcionaban como arquetipos. En Grecia y Roma la mujer era considerada menor de edad, poco capaz e incluso inferior, no equiparable al varón en derechos, ni merecedora de la condición de ciudadana y todo lo que esta conllevaba.

¿Cuáles eran las posibilidades y modelos que se promovían desde los mitos? Si jugáramos -antes de rastrear estas preguntas en las obras de arte- a unir conceptos como poder, fuerza, fama, gloria, honor, libertad, virginidad, sensualidad, pureza, deber y familia a nombres como Júpiter, Juno, Marte, Diana, Venus y Minerva, ¿qué conexiones haríamos? ¿A quiénes asociaríamos esas palabras?

La nueva diosa Madre

La nueva diosa Madre
Ofrenda a Ceres, Jacques Jordaens, 1620.

Ceres, símbolo de la abundancia, es la Diosa de la tierra. De ella dependían los ciclos que regían el mundo, el paso de las estaciones y las cosechas. Ceres representa como pocas uno de los modelos más conectados con el universo femenino: es la Madre por excelencia, pero no desde el poder que tuvieron las diosas paleolíticas, egipcias o del Próximo Oriente. Su poder, como el de otras divinidades, estaba subordinado al de Júpiter.

Entregada a la protección y cuidado de su hija Proserpina, nacida de su relación con el dios de dioses del Olimpo, Ceres cuida sola de su hija, una joven muchacha adorada por todo el mundo, especialmente por los varones. Ambas son inseparables. Cuando el dios Plutón, tío de Proserpina, decide raptarla y llevarla consigo a su reino en el inframundo, es Ceres quien rastrea cada rincón tratando de encontrarla. Es un mito complejo que habla del crecimiento y el paso al mundo adulto, pero también de la entrega abnegada y la necesidad de perpetuación de roles maternos concretos, de una generación a otra.

Centro del hogar

Centro del hogar
Juno. Anónimo. 1650-1700

Otra de las figuras principales es la de la diosa Juno, casada con Júpiter. Diosa del matrimonio, representa el arquetipo de la esposa por excelencia. Estoicamente soporta todos los amoríos de su marido, numerosas aventuras recogidas en la pintura en escenas como El rapto de Ganimedes, El rapto de Europa o el engaño de Júpiter a la ninfa Calisto.

Poderosa, violenta y vengativa, sus iras iban dirigidas siempre hacia los y las amantes de su esposo, así como hacia los hijos e hijas que nacían de las mismas, pero en pocas ocasiones rompe su relación con Júpiter, aceptando sus infidelidades. Ella, sin embargo, no gozaba de la misma libertad.

El precio de la libertad

El precio de la libertad
Diana cazadora. Rubens. 1617-20

Existían diosas poderosas, que representan la libertad, la sabiduría y la independencia. Pero ¿esconden quizás sus mitos aspectos que no solemos valorar y que influían en el papel de la mujer y su comportamiento en sociedad?

Minerva, diosa de la sabiduría, la estrategia militar, las ciencias, la justicia y la civilización, e inventora del telar, el torno o el aulós, era hija de Júpiter y Metis. El mito cuenta que su padre se tragó a su madre y Minerva nació de la cabeza de Júpiter. Por eso se dice que Minerva era una joven fuerte e independiente, pero carente de sentimientos, pues la educación emocional, asociada a la debilidad, dependía de las mujeres, mientras que fuerza, inteligencia y grandeza eran propias del mundo masculino.

Diana, diosa de los bosques y los animales, es también fuerte y libre, un carácter indómito. Su libertad le fue concedida por su padre Júpiter como regalo. Pero esta elección implicaba permanecer virgen y no unirse nadie. Mujeres reales como Hipatia de Alejandría mantuvieron esa misma posición para poder dedicarse al estudio y el conocimiento. El momento en que una mujer se desposaba implicaba estar ligada íntegramente al hogar y desatender otras actividades, realizarse en otros campos.

Espejo en el que mirarse

Espejo en el que mirarse
El tocador de Venus, Francesco Albani, 1635-40

Los roles de género se perpetúan también en la figura de Venus, a la que suele representarse centrada en su aspecto físico, su apariencia exterior, atendida por varias mujeres que revisan su peinado y le acercan joyas y adornos. Semidesnuda, sensual y voluptuosa, se entrega a su propio cuidado. El mito originario de Venus recoge una historia muy distinta. La diosa nace de las aguas en el instante mismo en que unas gotas de esperma del dios Caelus, asesinado por su hijo Saturno, caen al agua. De ellas nace la diosa primigenia y poderosa, anterior al mismísimo Júpiter, que representaba la unión de cielo y tierra.

Madres, hijas, esposas o concubinas eran algunos de los roles asociados a la mujer en la Antigüedad que se han difundido y perpetuado a través del Arte. ¿Cómo miramos esas obras? ¿Qué lenguaje escogemos para narrar esas historias? ¿Desde qué perspectiva nos relacionamos con ellas?

Nuevos modelos

Nuevos modelos
La Anunciación, Fra Angelico, 1426

En las religiones politeístas existía cierta diversidad de modelos. Las religiones monoteístas trajeron consigo nuevos referentes, pero un abanico más limitado.

La imagen de la mujer positiva y aceptada va a estar asociada a la figura de la Virgen María, intercesora entre el ser humano y Dios, representante de una religión cercana, cálida, humana y maternal. La vida y la creación ya no le pertenecen y estarán asociadas al poder masculino; sí el cuidado. Ella será escogida por Dios, principio creador. Estos matices se reflejan muy bien en una obra como La Anunciación de Fra Angelico

En contraposición, Eva, avergonzada, arrepentida, expulsada del Paraíso. Como si de una Pandora o una Lilit se tratase, Eva es la pecadora, la mujer pagana ligada a la Naturaleza, el modelo de mujer que debe quedar atrás para caminar hacia un nuevo presente, representado en la Virgen ligada a la ciudad, el equilibrio y la razón.

Bondad y maldad. Santas y pecadoras

Bondad y maldad. Santas y pecadoras
Magdalena penitente. José de Ribera.1641

Otra de las figuras que se emplean como contraposición a la Virgen para remarcar los códigos del Bien y el Mal es María Magdalena. Durante siglos fue representada como mujer lujuriosa y pecadora por su supuesto oficio de prostituta, si bien esa referencia correspondía a María de Betania. No obstante, esa fue la imagen que se difundió durante siglos, desde piezas medievales como las pinturas murales de la iglesia de la Santa Cruz de Maderuelo a la Magdalena penitente de Ribera, ya perteneciente al Siglo XVII.

La Virgen se convirtió, a su vez, en la referencia para otro modelo fundamental: las Santas. Santa Bárbara representada por Robert Campin, Santa Catalina pintada por Yáñez de la Almedina o Santa Isabel de Portugal de Zurbarán son modelos de mujeres entregadas en cuerpo y alma a la fe y el cuidado y protección de los demás. Pureza, castidad, virtud, lealtad y abnegación son algunas de sus virtudes. Imágenes que fueron contempladas durante siglos y con las que, aún hoy, nos relacionamos más allá de la contemplación estética. ¿Cuál ha sido su influencia en nosotras, en nosotros?

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