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Florencia: el viaje que cambió mi vida
George Bisacca, Restaurador, 1985-ActualidadFlorencia: el viaje que cambió mi vida
George Bisacca, Restaurador, 1985-Actualidad
Mis inicios en esta especialidad fueron muy peculiares. Yo estaba estudiando la especialidad de Literatura inglesa en la universidad y, curiosamente, estudiaba italiano como lengua extranjera. Entonces decidí hacer mi tercer año de universidad en Florencia. Una vez en Florencia, la ciudad y su arte me cautivaron; se apoderó de mí en muchos sentidos. Volví a Estados Unidos después de un año, terminé mis estudios, y después anuncié a mi familia que no iba a meterme en la práctica legal como mi padre. No pensaba estudiar derecho; iba a regresar a Florencia. No tenía ni idea qué iba a hacer allí, pero sabía que tenía que volver. Y así lo hice. Al principio, empecé como aprendiz de un tallista de madera. Había visto algunos talleres, y me presenté en uno de ellos y me tomaron como aprendiz. Tallé muchos marcos renacentistas y cosas por el estilo. No me gustaba cómo los doraban, con pan de oro, así que aprendí también a dorar. Hacía las dos cosas. A la vez, me quedé sin dinero y empecé a trabajar como guía turístico. Gracias a eso memoricé mucha historia del arte.
En un momento dado me di cuenta de que este método artesano, estas meras habilidades manuales, no eran suficientes para mí. Quería combinar eso con conocimientos de la historia del arte, así que pensé que la restauración sería una mejor solución. Era un ingenuo americano, y pregunté a mis profesores de la universidad cuál era el mejor sitio para estudiar restauración, y me hablaron del Opificio, aunque me advirtieron de que no cogían apenas alumnos extranjeros, y me recomendaron un taller de restauración de alto nivel en el Palacio Pitti. Fui allí con alguna de las tallas que había hecho debajo del brazo y llamé al timbre, me presenté y dije que quería formarme con ellos. Pensaron que estaba completamente loco. Me dijeron: "No, no hay ninguna posibilidad".
En aquel momento trabaja allí Andrea Rothe, que después al final de su carrera trabajó en la Getty. Habló conmigo, y mientras me decía que era imposible, le pregunté por el tratamiento que se le había hecho a una pintura sobre tabla que había allí y a la que pude ver el tratamiento en su reverso. Entonces me dijo: “Si eres lo suficientemente listo, te deberías especializar en este tipo de trabajo, porque ya tienes experiencia con la madera, y hay muy poca gente que se dedique a esto. Tenemos a los dos mejores especialistas en Italia que vienen aquí todos los días por la tarde después de trabajar en el Opificio, pero no creo que te quieran formar, porque nunca hacen ese tipo de cosas. De todas formas, no están aquí hoy, pásate el lunes y habla con ellos”. Y así lo hice. Estaban en la sala cuando entré y pregunté por Andrea Rothe. Alguien me dijo que estaba reunido y que hablara con ellos directamente. “Andrea me dijo que tal vez podría formarme con ustedes”, les dije. Se miraron y me dijeron: “Bueno, si Andrea está de acuerdo, nosotros también”. Justo en ese momento me llamaron desde la otra estancia y allí estaba Andrea viniendo. Me preguntó cómo había ido y le dije que estaban de acuerdo. Así que me dijo: “Si ellos están de acuerdo, yo también”. Y empecé al día siguiente. Así es como de alguna forma descubrí una forma de entrar ahí.
El taller era excelente. Trabajábamos con obras de toda Italia: con muchos retablos que no se habían movido desde que se crearon, hacía 400 años. Los traíamos al taller y trabajábamos con ellos durante meses. Después los devolvíamos al lugar para el que habían sido creados y los colocábamos de nuevo en el altar. Fue un aprendizaje fantástico que es imposible conseguir ahora.
Conservador emérito en el Metropolitan de Nueva York, especializado en soporte de madera. Con él se forma José de la Fuente, especialista del Prado en esa materia. Desde su primer contacto con el Museo del Prado en los años 80 de la mano de John Brealey, colabora con el Museo en la restauración de soportes y, entre otros, interviene en los soportes de El Descendimiento de van der Weyden (1991-1992), Las tres Gracias de Rubens (1997-1998) los bocetos de El Triunfo de la Eucaristía de Rubens (2013-2014) y Adán y Eva de Durero (2010).
Entrevista realizada el 07 de octubre de 2020
Índice entrevista
3 / 18-
1985. Del Metropolitan al Prado -
La especialidad de restauración de soporte de madera -
Florencia: el viaje que cambió mi vida -
La llamada de John Brealey -
1990. Restauración de El Descendimiento, de van der Weyden en el Taller del Museo del Prado -
José de la Fuente: compañero y amigo -
El Descendimiento, de Rogier van der Weyden -
La Adoración de los pastores, de Mengs. Una restauración poco satisfactoria -
Una valiosa iniciativa. The Getty Panels Painting -
Adán y Eva, de Durero. Una experiencia maravillosa -
Rubens y Las tres Gracias -
Bocetos de El Triunfo de la Eucaristía, de Rubens. Uno de los trabajos más complejos -
La Transfiguración del Señor, de Penni. La obra te dicta lo que necesita -
Restaurar obras maestras da terror -
John Brealey y la restauración de Las meninas -
El “saber hacer” de Enrique Quintana -
Miguel Zugaza. Los grandes cambios -
La clave. Mirar más y más pinturas
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Restauración
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Restaurador, 1978-2016
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Reentelador y engatillador, 1953-1992
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