Estragos de la guerra
1810 - 1814. Aguafuerte, Bruñidor, Punta seca, Buril sobre papel avitelado, 248 x 345 mmNo expuesto
El sustantivo "estragos" que Goya empleó para titular esta estampa es bien elocuente de lo que quiso representar, atendiendo a la definición del diccionario de Real Academia Española: "Daño hecho en guerra, como una matanza de gente o la destrucción de la campaña, del país o del ejército", y en una segunda acepción "ruina, daño y asolamiento". Tal podría haber sido el título de la serie, sin embargo cuando la Real Academia de San Fernando la editó por primera vez en 1863 recurrió al vocablo “desastres”, de menor precisión semántica.
Tanto el dibujo preparatorio como la estampa definitiva de este Desastre, muestran una perfecta concordancia entre el título y lo representado: los daños que la guerra causa sobre las personas y las cosas, especialmente importantes estas últimas en el valor significativo de la obra. Como han apuntado los críticos desde el momento de su publicación hasta nuestros días, es muy probable que Goya se inspirase en las numerosas referencias contemporáneas sobre los efectos causados por los bombardeos franceses de las poblaciones asediadas. Zaragoza y, en menor medida, Gerona marcan dos puntos de referencia de los que Goya hubo de tener conocimiento, de la primera de forma directa tras su visita a la capital aragonesa y de la segunda a través de las crónicas de la época. En cualquier caso Goya rompe con el modo en que sus contemporáneos representaron los efectos de los sitios. Gálvez y Brambila en su serie de las Ruinas de Zaragoza (1812) dedicaron un buen número de estampas a mostrar los edificios bombardeados por los franceses, centrándose en las ruinas de aquellos de carácter emblemático como iglesias, conventos, seminarios y hospitales, y en las que las figuras humanas constituían un elemento pintoresco que ayudaba a marcar la escala de una ruina que entronca con la estética de lo sublime, tan en boga en la Europa de aquellos años. Sin embargo Goya va a optar por una imagen absolutamente novedosa, en la que va mostrarnos una visión imposible, pues se sitúa como observador en el interior mismo del edificio bombardeado y en el preciso momento en que éste se derrumba por efecto de la explosión. Sólo a través del arte es posible mostrar al espectador una imagen como ésta, capturando un suceso que transcurre en una décima de segundo. Pero además de eludir los escenarios simbólicos habituales, sitúa el suceso en un lugar anónimo, una casa de una población cualquiera, en la que perecen hombres, mujeres y niños, mezclados entre las vigas y los cascotes. De nuevo los cuerpos de las víctimas destacan en blanco sobre el intenso fondo de aguafuerte, mostrando su desnudez, en prueba de que la belleza también perece bajo la violencia. Goya cuida hasta los mínimos detalles, nada escapa a su ingenio, todo lo mostrado tiene una intención, y así el elegante sillón de brazos que cae al tiempo que la mujer, denota la elevada condición de sus propietarios, una seña de que la violencia afecta a todas las clases por igual. (Texto extractado de: Matilla, J.M.: Estragos de la Guerra, en: Goya en tiempos de Guerra, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2008, págs. 296-297)