Felipe II a caballo
1630 - 1640. Óleo sobre lienzo, 251 x 237 cmÁbside
La imagen del rey en este retrato se basa en un tapiz diseñado por Jan Cornelisz. Vermeyen ( hacia 1504-1559) y en un cuadro de Tiziano (1488/1490-1576). El diseño de la figura y el caballo repiten el retrato de Carlos V que se incluye en el tapiz La marcha de Rada, perteneciente a la serie La conquista de Túnez, diseñada por Vermeyen entre 1546 y 1554 aproximadamente. Rubens pudo conocer esta famosa serie de tapices en 1628-1629 durante su visita a la corte española, donde se encontraba, o a través de otras réplicas o estampas.
Las únicas modificaciones que hizo Rubens con respecto al tapiz de Vermeyen afectan al rostro del rey y a algunos detalles de su armadura. El pintor cambió a Carlos V por su hijo Felipe II, y lo hizo basándose en el retrato de este rey en armadura pintado por Tiziano en 1551, retrato que sabemos que Rubens copió durante su estancia en Madrid y también forma parte de las colecciones del Museo del Prado.
No conocemos la razón que llevó al pintor a realizar el cuadro, ni sabemos cuándo ni dónde lo hizo. El rostro de Felipe II es tan similar en su aspecto y proporciones al pintado por Tiziano, que Rubens debió de utilizar algún método mecánico para transferirlo al retrato ecuestre. Esto, sin embargo, no demuestra que el cuadro se pintase en la corte española. Rubens pudo regresar a Amberes con los apuntes necesarios para realizar allí el cuadro. La existencia de copias de esta pintura que por su estilo parecen hechas en Flandes así lo sugiere. A ello se añade la preparación del lienzo, que contiene carbonato cálcico, mucho más común en Flandes que en España. Por último, la imprecisión con que Rubens pintó la parte de la armadura que cubre los muslos (llamada quijote), que no está en el retrato de Tiziano, también hace pensar que el cuadro se pintó lejos de Madrid, donde habría tenido acceso a la armadura.
El contexto que mejor explica el origen de este cuadro es el de los retratos ecuestres de miembros de la familia real que Felipe IV encargó en las décadas de 1620 y 1630. El rey trasladó del palacio del Pardo al Alcázar el retrato del Emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg de Tiziano hoy en el Museo del Prado, y encargó un retrato ecuestre de sí mismo a Velázquez para colgar en la misma sala (desaparecido). A Rubens le encargó otro retrato de sí durante la estancia del pintor en Madrid (igualmente desaparecido), efigie que sustituyó a la pintada por Velázquez. En la década siguiente encargó a Velázquez y al escultor Pietro Tacca sendos retratos ecuestres de sí mismo (que se pueden ver en el Museo del Prado y la Plaza de Oriente de Madrid), además de retratos de otros miembros de la familia real: el de su hijo Baltasar Carlos, el de su esposa Isabel de Borbón y de sus padres, Felipe III y Margarita de Austria (todos ellos en el Museo del Prado). Además, en la Casa de Campo había una estatua ecuestre de Felipe III, obra de Giambologna y Pietro Tacca, actualmente colocada en la Plaza Mayor de Madrid. La única figura a quien se echa en falta en este grupo de retratos repartidos por los palacios reales durante el reinado de Felipe IV es la de su abuelo Felipe II. La estancia de Rubens en Madrid bien pudo llevar al rey a encargar dicho retrato, aunque el pintor tuviese que acabarlo en Amberes. Otra posibilidad es que el encargo partiese de Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos meridionales e hija de Felipe II, en nombre de su sobrino el rey Felipe IV, para quien Rubens trabajaba como consejero y como pintor.
Como señaló Bottineau, este cuadro se documenta por primera vez en el inventario del Alcázar de Madrid en 1686. Fue ampliado en sus extremos superior e inferior en algún momento del siglo XVIII. Ha sido restaurado, y restituido a su dimensión original mediante el doblado de las secciones añadidas detrás del bastidor en 2009.
Martínez Plaza, Pedro José (Com.), Ages of Splendor: a History of Spain in the Museo del Prado. Cat. exp. Museum of Art Pudong, Shangai, Museum of Art Pudong ; Museo Nacional del Prado, 2024, p.36