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Nada. Ello dirá
Goya y Lucientes, Francisco de
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Goya y Lucientes, Francisco de

Fuendetodos, Zaragoza, 1746 - Burdeos, Francia, 1828

Miniatura autor

Goya nació accidentalmente en Fuendetodos, pueblo de su familia materna. Braulio José Goya, dorador, de ascendencia vizcaína, y Gracia Lucientes, de familia campesina acomodada, residían en Zaragoza, donde contrajeron matrimonio en 1736. Francisco fue el cuarto de seis hermanos: Rita (1737); Tomás ( ...

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Nada. Ello dirá

1814 - 1815. Aguada parda, Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera], Toques de clarión sobre papel verjurado, azulado, 200 x 257 mm.

Dibujo preparatorio para Desastres de la guerra, 69, Nada. Ello dirá. Primera idea muy libre ejecutada fuera de la serie de los estudios a la sanguina, su parentesco con el ´desastre 69´ es muy lejano. Nada. Ello lo dice ha generado más literatura que ninguna otro dibujo preparatorio de los Desastres. Por su carácter críptico ha motivado diversas lecturas iconográficas, pero sobre todo interpretaciones que quieren adentrarse en el pensamiento de Goya en unos momentos personales indudablemente adversos. Quizá esta oscuridad significativa ha llevado a que cada lector haya visto en la estampa y en su dibujo, un modo de volcar las ideas que se habían ido formando de Goya en el transcurrir de las páginas de los Desastres. Los primeros críticos ya manifestaron esta tendencia, y así Gautier, que se interesó especialmente por las composiciones más imaginativas de Goya, tras describir la estampa se preguntaba: “¿Puede imaginarse algo más siniestro y desolador?”. Fue Mathéron quien poco después, de forma novelada, vinculó la composición con la mentalidad descreída de Goya: “En varias ocasiones hizo explícitamente el artista su profesión de fe. Una de ellas lo verificó delante del obispo de Granada, que estuvo un día a visitarlo en el estudio de su casa de campo. Entró apenas el reverendo prelado y fijóse en un cuadro en que aparecía un espectro saliendo de su tumba y trazando en una página que sus ojos hueros no podían leer, la palabra: ¡Nada! Varios fantasmas de formas indecisas llenaban el fondo del lienzo, distinguiéndose uno de ellos que sostenía una balanza cuyos platillos vacíos estaban vueltos hacia abajo. El obispo contempló durante algún tiempo esta composición y exclamó después: -¡Nada! ¡Nada! Idea sublime, Vanitas, vanitatum et omnia vanitas. Goya, que estaba viejo preguntó a uno de los asistentes qué había dicho el prelado. -¡Ah! -exclamó cuando lo supo-. ¡Ah, pobre Ilustrísima, de qué manera me ha comprendido! Mi espectro quiere decir que ha hecho el viaje a la eternidad y no ha encontrado nada por allí”. Beruete, buen conocedor de la obra de Goya, rechazó la pretendida carencia de ideas religiosas que habían manifestado críticos anteriores, como Mélida, que calificó esta estampa de “profesión de fe del autor”, interpretándola como una expresión de que “todo, incluso la paz y la guerra de los hombres, es vanidad, en cuanto al inexorable fin de todas las cosas humanas: la Muerte, de la que el dibujo en cuestión podría ser, sencillamente, en definitiva, no más que una manifestación o alegoría”. Lafuente situó el dibujo en su contexto histórico y personal: “Tenemos que pensar que la guerra ya ha terminado y Goya, después de su ex abrupto antidevoto lanza, escupe mejor, su negación descreída y su desilusión de los hombres y de las esperanzas de justicia […] Goya se encara con la experiencia feroz por la que España acaba de pasar y se pregunta para qué ha sido todo ello, qué bienes o qué lecciones han podido aportar a los españoles los dolores pasados. La respuesta que encuentra dentro de sí mismo es dolorosa y amarga: para nada. Los hombres no aprenden”. Glendinning, en relación con fuentes emblemáticas, planteó una posible lectura política al tiempo que una meditación respecto a la muerte, y Dérozier continuó en esa línea y pensó que Goya estaba recapitulando e invitando a su lector a reflexionar y a ejercer su espíritu crítico, para discernir entre los excesos de un nihilismo sin esperanza y los de una fe irracional. Así pues, en este dibujo no habría necesariamente una negación de la religión sino una actitud crítica. Hofmann, sin embargo, interpretó el dibujo desde el punto de vista de la creación artística, y la vio como una continuación de El sueño de la razón, ya que la guerra ha abierto a la fantasía y creatividad nuevos caminos, donde se han inventado crueldades de nuevo tipo, en las cuales la fantasía artística queda atrás. Bozal la situó en el contexto secuencial de la serie: “es una respuesta a todo lo anterior: la inanidad del culto, su carácter supersticioso, se debe ante todo y fundamentalmente a que no hay nada después de la muerte. Así contemplado, el Desastre 69 es el eje sobre el que giran las tres estampas anteriores y las que a continuación vienen, pues con su perspectiva puede verse de manera diferente el poder político y el religioso”. Roche, en el marco de una investigación que contextualizaba los Caprichos enfáticos en la política de su tiempo, la interpretó como una expresión de que “los horrores de la guerra y los logros de las cortes constitucionales sólo habían servido de provocación para que las fuerzas del absolutismo y del oscurantismo en España negaran todo aquello por lo cual habían luchado la mayoría de los españoles”. Una idea que reforzó Vega, para quien “ya no va a haber un lugar para las víctimas de la guerra, de éstas no va a quedar nada, ya que se abrió otra lucha, esta vez entre los mismos españoles”. En suma, a lo largo de este casi medio siglo, se ha pasado de interpretar el dibujo y la estampa como una expresión del nihilismo religioso de Goya a la expresión de un nihilismo político ante los sucesos de la posguerra. ¿Hasta qué punto es posible que Goya esté expresando aquí su falta de fe, cuando pocos años después, en 1819, pinta una de sus obras maestras, La última comunión de san José de Calasanz, en la que el pintor transmite con profundo respeto su admiración por la figura eminentemente espiritual de san José, uno de los renovadores de la pedagogía, por cuyas ideas hubo de sufrir el acoso de la Inquisición? El rostro del santo y el del cadáver de la estampa tienen mucho en común, pero mientras el primero recibe la luz divina, éste yace en un mundo de sombras. Pese a la ubicación de esta escena tras otras relacionadas con las creencias religiosas, la ausencia en ella de elementos iconográficos de este tipo nos impide pensar que la nada a la que se refiere la inscripción sea una expresión de la negación en la vida más allá de la muerte. Por el contrario, existe una serie de elementos grabados que invitan a colegir más en una crítica de las consecuencias de la guerra y del regreso del absolutismo. En la prueba de estado del Museum of Fine Arts de Boston es posible apreciar la división de la obra en dos partes bien diferenciadas: a la izquierda, la figura de una mujer, fuertemente iluminada por un resplandor, escribiendo en un libro y con una balanza en su mano izquierda. Muy probablemente se trata de la Razón, amparada por la Justicia y el Progreso, que se contrapone a las fuerzas de la oscuridad, representadas por un sombrío conjunto de rostros y figuras grotescas, tan recurrente en la obra de Goya a partir de estos años. Y en primer plano la imagen alegórica del Hombre que ha padecido las funestas consecuencias de la guerra y de la restauración del absolutismo que, tendido en el suelo, traza sobre una hoja la palabra “Nada”, mientras que con la otra sujeta entre sus dedos pulgar e índice una tira de mimbre perteneciente a una cesta o a una corona a medio hacer, de la que son visibles en la parte superior las tiras de la urdimbre. Si se tratase de una cesta vacía o a medio hacer, podría interpretarse como una expresión del vacío y la esterilidad provocadas por la guerra, pues las cestas han sido habitualmente relacionadas con la idea de abundancia; mientras que si fuese una corona, como apunta Glendinning, tendría un sentido político vinculado a la inutilidad de la reacción fernandina. El título de Goya, inscrito en el ejemplar de Ceán, resulta también revelador, Nada. Ello lo dice, es decir, ahí está la prueba de que no hay nada; donde antes había luz ahora sólo hay muerte y oscuridad. (Texto extractado de: Matilla, J.M.: "Nada. Ello lo dice", en: Goya en tiempos de Guerra, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2008, págs. 338-340)

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Ficha técnica

Obras relacionadas

Nada. Ello dirá
Aguada sobre papel avitelado, ahuesado, 1814 - 1815
Número de catálogo
D04170
Autor
Goya y Lucientes, Francisco de
Título
Nada. Ello dirá
Fecha
1814 - 1815
Técnica
Aguada parda; Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera]; Toques de clarión
Soporte
Papel verjurado, azulado
Dimensión
Alto: 200 mm.; Ancho: 257 mm.
Serie
Desastres de la guerra [dibujo]
Procedencia
Javier Goya; Mariano Goya; Valentín Carderera; Mariano Carderera; Museo del Prado, 12-11-1886.

Bibliografía +

D'Achiardi, Pierre, Les Dessins de D. Francisco de Goya y Lucientes Au Musée du Prado à Madrid, D.Anderson, Roma, 1908.

Delteil, Loys, Francisco Goya, I, Chez L'Auteur, Paris, 1922.

Mayer, August L., Francisco de Goya, Labor, Barcelona, 1925, pp. 231.

Sánchez Cantón, Francisco Javier, Sala de los dibujos de Goya, II, Museo del Prado, Madrid, 1928, pp. 169.

Lafuente Ferrari, Enrique, Los desastres de la guerra de Goya y sus dibujos preparatorios, Instituto Amatller de Arte Hispánico, Barcelona, 1952, pp. 72, 183.

Sánchez Cantón, Francisco Javier, Los dibujos de Goya: reproducidos a su tamaño y en su color, I, Museo del Prado, Madrid, 1954, pp. 129.

Gassier, Pierre, Vie et oeuvre de Francisco de Goya: l' oeuvre complet illustré: peintures, dessins, gravures, Office du Livre, Fribourg, 1970, pp. nº 1113.

Gassier, Pierre, Dibujos de Goya. Estudios para Grabados y Pinturas, II, Noguer, Barcelona, 1975, pp. 296.

Derozier, C., La Guerre D'Independance Espagnole a Travers L'Estampe (1808..., II, Universidad de Lille, Lille, 1976, pp. 941.

Blas, Javier, El libro de los desastres de la guerra Francisco de Goya. Vol. I, Museo del Prado: R.A.B.A.S.F., Madrid, 2000.

Nieto Alcaide, V, La guerra y lo imaginario en la pintura de Goya. En Historias inmortales, Barcelona, 2003, pp. 319-329.

Matilla, José Manuel, Estampas españolas de la Guerra de la Independencia: propaganda, conmemoración y testimonio, Universidad de Salamanca, 2008.

Miradas sobre la Guerra de la Independencia, Biblioteca Nacional, Madrid, 2008.

Bordes J., Matilla J.M., y Balsells, S., Goya: cronista de todas las guerras : los Desastres y la fotografía de guerra, Centro Atlántico de Arte Moderno y Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Las Palmas De Gran Canaria Y Madrid, 2009, pp. 218.

Otros inventarios +

Colección Dibujos Goya (Numeración Sánchez Catón). Núm. 169.

Catálogo Goya, Pierre Gassier y Juliet Wilson. Núm. 1113.

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Fecha de actualización: 17-11-2016 | Registro creado el 28-04-2015

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