Fernando VII en un campamento
Después de 1815. Óleo sobre lienzo, 207 x 140 cmSala 064
El rey Fernando VII (1784-1833). Viste uniforme de capitán general. Casaca azul con forro, solapa, collarín y vuelta de grana. Un entorchado en el cuello y tres en las vueltas; camisa blanca y corbatín de seda negra; pantalón anteado; faja de seda encarnada con borlas de seda e hilillo de oro, con cabezuelas de oro mate y tres pasadores con entorchados. Pendiente del cuello, insignia del Toisón de Oro. En el pecho ostenta la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (banda y placa), y las placas de las Grandes Cruces de la Orden de San Genaro (banda parcialmente tapada, Dos Sicilias) y parcialmente tapada la Gran Cruz de las Tres Órdenes (Portugal). Con la mano izquierda se apoya en el puño del sable mientras que con el antebrazo izquierdo sujeta el bicornio con escarapela roja, galón, presilla y botón dorados, guarnecido con pluma blanca (Proyecto catalogación elementos heráldicos y falerísticos, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía).
El modelo para esta composición fue el Retrato del Rey con manto real (P00735), el de mayor calidad de todos los retratos del rey pintados por Goya en estos años, aunque se han modificado algunos detalles, como la posición del brazo derecho y viste ahora el uniforme militar. De ese retrato, además, se calcó el rostro para esta nueva imagen que formaba parte de la producción de retratos del monarca para instituciones oficiales, con mayor o menor intervención de Goya, como en este caso. El retrato procede de la escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, para la que pudo haber sido encargado por Francisco Javier de Mariategui, arquitecto mayor del Ayuntamiento de Madrid y Capitán del Cuerpo de Ingenieros, que sería más adelante el padre de la mujer del nieto de Goya, aunque Pedro de Madrazo en el catálogo del Museo del Prado de 1876, donde el cuadro figuró por primera vez, aseguraba que era propiedad de Mariategui. La primitiva Escuela de Ingenieros de Caminos había sido fundada en 1802 por Carlos IV, teniendo su sede en El Retiro, para trasladarse más tarde, hasta 1847, a la Aduana Vieja en la Plaza de la Leña. Su actividad en los primeros años fue bastante agitada, ya que se cerró durante la guerra de la Independencia y de nuevo en 1814, funcionando otra vez entre 1820 y 1823. Al seguir en líneas generales la composición del retrato del rey con el manto real, de hacia 1814-1815, este nuevo retrato tuvo que ser de esa fecha o posterior. En esos años no hubo acciones militares que justificaran la presencia del rey en un campamento, pero el carácter militar de los ingenieros de caminos, que abrían calzadas, revisaban fortificaciones y levantaban mapas, podría justificar la escena del fondo, que representaría a los ingenieros dedicados a su trabajo. Por otra parte, Mariategui trabajó como capitán de Ingenieros para el gobierno de Fernando VII entre 1815 y 1826, por lo que el cuadro pudo ser encargado, para él mismo o para un destino oficial en los primeros años de sus funciones para el rey, lo que coincidiría con las fechas de estos primeros retratos del monarca.