Por descubrir el mobimiento de la tierra
1814 - 1823. Aguada, Tinta de hollín, Tinta parda, Pincel sobre papel verjurado, 205 x 144 mmNo expuesto
Dibujo del grupo de Condenados, presos y torturados por la Inquisición, del Cuaderno C. El tema ha sido tradicionalmente interpretado como la condena de Galileo por el Santo Oficio. El número "85", corregido a "94", y el título "Por descubrir el mobimiento de la tierra", ambos manuscritos a tinta parda, se consideran autógrafos de Goya. La numeración "37" a lápiz en el ángulo inferior ha sido atribuida a Román Garreta. El dibujo estuvo adherido a una hoja de papel rosado perteneciente al álbum que probablemente compuso Javier Goya.
Entre los dibujos dedicados a mostrar la actividad de la Inquisición, un importante conjunto ofrece crueles imágenes protagonizadas por presos torturados. Son quizá estas obras las que muestran de un modo más elocuente la terrible esencia del sistema judicial del santo tribunal. Frente a los dibujos en que los condenados sufrían la vergüenza pública antes de su ejecución, o el dolor de su despiadada reclusión en la soledad de las celdas, los dibujos con torturas sintetizan la crueldad del método procesal empleado, que forzaba las confesiones mediante la aplicación del suplicio. Uno de los dibujos de este conjunto fue titulado con el elocuente Que crueldad (Cuaderno C, 108), y resume la inequívoca opinión de Goya sobre este procedimiento. La visión de Goya sobre la tortura como medio de confesión y castigo coincide con la que Cesare Beccaria expuso en su innovador y crítico tratado De los delitos y las penas, publicado en italiano en 1764 y traducido al español por Juan Antonio de las Casas (Madrid, Joaquín Ibarra, 1774). El libro, aunque no se refería específicamente a la Inquisición española, censuraba abiertamente la moralidad del empleo de la tortura, fundamentada en el dolor como crisol de la verdad y empleada con frecuencia en los tribunales europeos. Por este y otros motivos, la Inquisición prohibió su lectura en España, lo que no fue óbice para que su pensamiento se difundiese ampliamente en los círculos ilustrados a los que tan ligado estaba Goya.
La representación del dolor, tanto psíquico como físico, es una de las constantes en la obra del aragonés. Los Caprichos ya aludieron a este tema, pero fue en los Desastres donde la sinrazón y la barbarie se dieron la mano para mostrar unas imágenes en las que el padecimiento del ser humano alcanzó cotas hasta entonces nunca representadas. Con modelos inspirados en la iconografía tradicional de los santos mártires, Goya dio un paso más al humanizar dicho sufrimiento y situarlo en el mundo contemporáneo. Lejos de ser ejemplos de padecimientos basados en la fe, estas composiciones de Goya muestran el estéril y brutal resultado de dicho sufrimiento. De este modo, los santos mártires se transforman en víctimas anónimas, y su recuerdo no es tanto un modelo como una reflexión sobre el propio dolor. "No se puede mirar" dice en otro de los dibujos (Cuaderno C, 101), que, sin embargo, incita a la mirada crítica de una tortura inequívocamente basada en el martirio de un santo.
El anonimato de las víctimas se ve en ocasiones truncado por las inscripciones que incrementan la carga semántica de los dibujos. Por descubrir el movimiento de la tierra titula Goya este dibujo que, siguiendo el pie de la letra, alude a Galileo y su doctrina heliocéntrica por la que fue condenado por herejía, una condena que Goya utiliza en este dibujo como paradigma de la represión de la Iglesia hacia las nuevas ideas y que, al contrario del movimiento que demostraba Galileo, le obliga a la inmovilidad mediante la tortura.
El Cuaderno C constituye un ejemplo de la complejidad de la obra de Goya. Realizado en un arco cronológico comprendido entre los años de la Guerra de la Independencia y los posteriores de la represión fernandina, su temática incide en múltiples facetas de ese momento histórico. Otros autores sin embargo han retrasado la fecha final del cuaderno a los años del Trienio Liberal (1820-23) en función de que algunos dibujos podrían vincularse a la alegría suscitada tras la reinstauración en 1820 de la Constitución de Cádiz, si bien estas composiciones pueden ser interpretadas también en el mismo contexto crítico en que Goya elaboró similares composiciones en su serie de los Desastres de la guerra. El Cuaderno C aborda temas muy variados que van desde aspectos de la vida cotidiana, con presencia de numerosos mendigos, a visiones oníricas del mundo de la noche. Un grupo muy numeroso lo componen los dibujos con condenados por la Inquisición y escenas de la crueldad de las cárceles, si bien, como hemos señalado, no es el tema único. Finalmente, otro conjunto notable incide en la crítica a los hábitos de las órdenes monásticas y en la representación de la vida de los frailes, secularizados tras los decretos desamortizadores de las autoridades francesas.
Es el cuaderno numéricamente más importante y el único que ha llegado casi intacto, sin desmembramientos ni ventas sucesivas, por lo que se encuentra prácticamente entero en el Museo del Prado, procedente del Museo de la Trinidad. De los 126 dibujos conocidos, 120 se encuentran en el Prado, uno en la Biblioteca Nacional de Madrid (C 56), uno en el British Museum de Londres (C 88), dos en la Hispanic Society of America de Nueva York (C 71 y C 128) y otros dos en una colección particular de esta última ciudad (C 11 y C 78) (Texto extractado de Matilla, J. M.: "Álbum C 91, Muchos an acabado asi. Álbum C 101, No se puede mirar", en Goya en tiempos de guerra, Madrid: Museo del Prado, 2008, p. 393).