Serapis
Mediados del siglo XVIII. Lápiz sobre papel, 480 x 337 mmNo expuesto
Esta sugestiva obra de mármol negro, que se conserva en el Museo del Prado sin variación alguna, es hoy identificada con toda seguridad como Cabeza de Serapis (E000323). Parece obra antigua, aunque acaso restaurada, y responde a la iconografía del dios greco-egipcio que se populariza en el siglo II d. C., precisamente la fecha en que puede situarse la pieza.
Por desgracia, resulta mucho más difícil seguir las vicisitudes de esta Cabeza de Serapis hasta su llegada a La Granja. Lo único seguro es que no puede identificarse con ninguna obra reseñada en los inventarios del marqués del Carpio. En cuanto a los de Cristina de Suecia, la única pieza cuya descripción pudiera aproximarse es “testa di Seneca di pietra paragone:” la identidad del material es evidente, y no resulta imposible que alguien pudiese relacionar los bucles de la frente de Serapis con los de un “Pseudo-Séneca”. Sin embargo, la “testa di Seneca” desaparece en el anonimato indeciso de todas las cabezas y bustos. Imposible identificarla en los catálogos de Odescalchi, donde falta cualquier alusión a una cabeza barbada de mármol negro. En cuanto a las fichas de embarque de 1725, tratan de forma colectiva e indiferenciada este tipo de piezas. Más aún: si no fuese por el presente dibujo y por el aspa que lleva grabada la pieza en el corte del cuello, no podríamos siquiera relacionar esta cabeza con la colección de Felipe V en San Ildefonso.
Hay que esperar, por tanto, a la llegada de la colección a Madrid para que nuestra obra empiece a ser vista con cierto interés: ya en el inventario de 1834 la menciona como “un dios de la gentilidad de mármol negro” y el de 1849-1857 se aventura a identificar a esta deidad con Júpiter. Algo después, Hübner duda entre Júpiter y Plutón, opinión que Barrón repite, y nadie parece volverse a acordar de esta talla hasta que Blanco la incluye en su catálogo, ya con su iconografía correcta. Sin embargo, como los dos últimos autores citados prescinden de ofrecer fotografías de la obra, nos hallamos ante el caso asombroso de una pieza que ha llegado hasta nosotros hoy prácticamente inédita.
El dibujo forma parte del conocido como Cuaderno de Ajello formado por un conjunto de cincuenta y nueve hojas sueltas, con dibujos a lápiz, destinadas a servir de modelo para la realización de una serie de grabados, que debían ilustrar un catálogo descriptivo de las esculturas reunidas por Felipe V y su esposa, Isabel Farnesio, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.
Elvira Barba, Miguel Ángel, El Cuaderno de Ajello y las esculturas del Museo del Prado, Madrid, Museo del Prado, 1998, p.168-169