El Consejo de Indias
1753. Mármol de Badajoz, 88 x 124 cmSala 085
Era el Consejo (Real y Supremo Consejo de Indias) que, a través de provisión real de cargos, se ocupaba del buen gobierno y la administración de justicia, y ejercería el poder en los territorios ultramarinos de la Monarquía Hispánica, y cuya primera sede a partir de 1561 fue el antiguo Alcázar. Los Borbones establecieron un complejo mecanismo administrativo de proveer el empleo de Consejero. Había sido creado con Carlos V y fue disuelto en 1834. Fue cambiando en el número de cargos y perdiendo competencias ejecutivas, al crearse por R.D. de 26 de agosto la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias en 1734 que debía ocuparse de lo relativo a guerra, hacienda, navegación y comercio de Indias (desdoblando la Secretaría de Marina e Indias creada por Felipe V con la jerarquía de Ministerios).
Contrasta la severa representación del Consejo con la exuberancia y exceso y desproporción en los cuerpos de las figuras en primer plano, y particularmente en los cuerpos masculinos musculados, en una interpretación de las riquezas ultramarinas y del Océano que va derramando el agua con cántaros. En el lateral derecho ha hecho referencia al lema del imperio español “Plus Ultra” (Más allá) donde se aprecian unos barcos que rebasan las columnas de Hércules, referencia del límite del mundo conocido con los griegos, y a que los dominios hispánicos llegaban más allá de este punto (Madrid Casado, 2010). La composición se remata en la parte superior con la figura de Mercurio con el caduceo, símbolo del comercio, que sobrevuela como dios mensajero y franqueador de fronteras.
Sorprende que no fue hasta 1759 en que “el Consejo pasó de contar con seis ministros togados y dos de capa y espada, a 14 togados y cuatro de capa y espada” (García Pérez, 2022, p. 379), número que es el que aparece representado en el relieve.
Albarrán (2012, p. 315), siguiendo a Tárraga (1996, p. 5), transcribe la carta de 14 de mayo de 1753 (AGP, Administrativa, Obras, C. 13, exp. 1), por la que el secretario de Estado, José de Carvajal, ordenó a Baltasar de Elgueta “… he resuelto que emprendan los bajos relieves del lado político en la pared de mediodía del corredor, dispongo en esta forma: la medalla que representa el Consejo de Yndias se dé al escultor Antonio de Padua que la ha de hazer en piedra de Badajoz… y labrarlas en el sótano de la casa de la escultura, donde han trabajado zerrageros a quienes ha mucho tiempo que mandé desocupar aquello”. Estaba concluido en 1753 tal como trascribe Plaza Santiago (1975, p. 410), el 16 y 25 de noviembre de 1753, en sendas tasaciones de Castro y Olivieri que reproduce, y Tárraga (1996, p. 228) (AGP, Sección Obras, leg. 5): “[Tasación de Castro]… Certifico, he visto y reconocido la medalla que ha ejecutado de mármol de Badajoz, el escultor Dn. Juan Antonio de Padua que representa el Consejo de Indias y, estando la idea aprobada por el Rvmo. P. Sarmiento, solo debo atender a la ejecución, y así he hallado que las figuras de Hércules, de la América y otros cuatro que hay enteras son desproporcionadas cada una de por sí, esto es que los brazos, piernas y pies no tienen correspondencia con la cabeza, ni la cabeza con el cuerpo, ni este con los demás partes; los consejeros están mal sentados y mal puestos en perspectiva, como asimismo los asientos y los planos sobre que estos inciden mal entendidos. Y debiendo toda buena composición o historia contar de un solo punto de vista a donde se enderecen los rayos visuales, esta medalla ya demuestra tener más de un punto de vista y no da razón de cuantos tiene, no se viene en conocimiento si el salón del Consejo está en una montaña o en un sitio que no haya población, tampoco da razón de la arquitectura que finge en lo último de la composición. Nada hay finalizado con inteligencia, pero sí con práctica material, por cuya razón y de ser seis figuras enteras y dieciséis medias figuras y un león, hallo que vale el trabajo de dicha medalla 10.000 reales de vellón, En Madrid noviembre 16 de 1753, Dn. Felipe de Castro” (Tasación de Olivieri). “Muy señor mio: He reconocido la medalla de mármol blanco de Badajoz que ha ejecutado don Antonio de Padua que representa el Consejo de Indias. No puedo ameno [sic] de decir como este artífice no puso en ésta tanto cuidado como en la antecedente, que hizo o el mármol que escogió para esta es de muy mala calidad (como lo asegura el mismo Don Antonio de Padua); y con efecto, no se hace en ella que un todo y no concluida. Y considerando solo al tiempo que ha pasado en el modelo y dibujo, y a lo penoso y dificultoso que es trabajar dicho mármol por las partes que tiene muy duras y grano gordo, que realmente no permite (si uno no tiene un superior manejo) concluirlo bien; y si estuviera concluida como la antecedente que hizo, tendría mucha más estimación porque tiene mucha obra, por lo cual la precio solo en 8.500 reales de vellón. Madrid 25 de septiembre de 1755 dirigida a don Baltasar Elgueta y Vigil”. Lorente (1954, p. 71), sin embargo, publicó que este relieve y el anterior realizado, los entregó el 28 de junio de 1758.
El escultor efectivamente realizó otro de los medallones de “Cristo enviando a Santiago a predicar a España”, a que se hace mención en la tasación del “Consejo de Indias”, del que hoy no hay noticias, que fue tasado por Olivieri el 28 de agosto de 1753, tasación transcrita por Plaza (1975, p. 410), y que señalaba su buen nivel artístico: “… He examinado dicha medalla, su composición y trabajo, manejo del mármol, y halla está muy bien ejectuada y bien entendido el bajorrelieve y degradación de figuras, y que tocante a bien trabajada no se puede hacer más en aquella piedra o mármol, por lo que me parece vale nueve mil reales de vellón cuando haya dado un poco de pulimento en el rayo, lo que hará resaltar mucho más el todo de la medalla”. La obra se pagó en 8.500 reales de vellón.
Apenas se sabía nada de este escultor, que en algún caso se ha citado como portugués. Tras las investigaciones de la profesora Vale (2007, 2008 y 2013), hoy sabemos que se trata de un escultor italiano, Giovanni Bellini, al que se añadió “de Padua” en ciertas menciones, como indicativo del lugar de procedencia. Desplazado a Portugal, tradujo su nombre como João António Bellini y trabajó de 1725 a 1748. Parece que falto de trabajo, se desplazó a Madrid, donde españolizó su nombre, y fue contratado como Juan Antonio de Padua en 1752. La autora señala que tuvo otro encargo en 1754 vinculado a la Compañía de Jesús en Barcelona, después de lo cual no hay más noticias del escultor. (El Museo agradece a la profesora de la Universidad Lusófona de Humanidades y Tecnologías de Lisboa, Teresa Leonor M. Vale, sus orientaciones).