Sueño De Brujas
1796 - 1797. Pluma, Trazos de lápiz negro, Tinta ferrogálica sobre papel verjurado, 238 x 179 mmNo expuesto
Dibujo preparatorio para Caprichos, 70, Devota profesión. Se compone de dos partes: el anverso denominado Sueño de bruja principianta; y el reverso, que aparece con el título de Sueño de Brujas y ha sido calcado del anterior con alguna variante, aprovechando la idea de uno de los dibujos del Álbum B o Álbum de Madrid, titulado por Goya Brujas a bolar. Ésta era una de las habilidades que la imaginación popular atribuía desde siempre a las brujas. La crítica feroz del artista en estas imágenes y en el aguafuerte definitivo, que tituló con ironía Devota profesión (G02158/G00739) para mostrar abiertamente el significado de la escena, va dirigida contra el clero ignorante e hipócrita, representado por la metáfora de las hechiceras. En las tres escenas se escenifica la transformación del rito católico de la misa y de la lectura del Evangelio en un ritual demoníaco. Goya retoma para las brujas imágenes de devoción donde ángeles y santos en el aire presentaban a los fieles los misterios de la religión católica. Este dibujo se ha puesto en relación con San Pascual Bailón en oración ante la Eucaristía, pintura de Giandoménico Tiépolo para el altar mayor de la iglesia del convento franciscano de San Pascual de Aranjuez (1769), de la que existía un aguafuerte de su autor que, como el cuadro, debió admirar Goya. Desde la Edad Media las brujas fueron acusadas de utilizar los ritos del cristianismo en sus depravadas actividades. Aquí, las brujas de la parte inferior presentan la metamorfosis habitual hacia formas animales. Una se encuentra sentada en el suelo con cuerpo de sátiro como personificación de la lujuria; la otra, sobre sus hombros, con cabeza de lobo –evidente en el dibujo del Álbum B–, considerado animal taimado y violento. Ambas leen con devoción el libro que sostienen dos brujos vestidos de obispos, de rasgos animalescos, envueltos en amplias capas pluviales y tocados con mitras, que Goya ha convertido en los capirotes decorados con llamas con los que la Inquisición simbolizaba la condena a muerte de los acusados. Están sentados sobre un altar que, con variaciones en cada uno de los tres dibujos, presenta en su frente cabezas demoníacas. En la estampa final el artista los dispuso sobre las alas extendidas de un águila real, ave compañera del Evangelista San Juan, lo que señalaba el libro cogido con sus tenazas, que pudiera ser uno de los Evangelios, magníficamente iluminado. Éstas eran utilizadas por los torturadores de la Inquisición para doblegar a sus víctimas. Sin embargo, como el resto de las Sagradas Escrituras, los Evangelios no se publicaron en castellano hasta 1792-93; estando su lectura e interpretación prohibida a los fieles y reservada sólo a los ministros de la Iglesia. Los Evangelios se encontraban en manos de seres ignorantes, hipócritas y lujuriosos (representados como animales, fiel reflejo en las orejas de burro, de cabra o de lobo), a los que Goya acusaba aquí de haber pervertido la palabra de Jesucristo y ocasionado la muerte de los fieles, bien por hacerles creer doctrinas erróneas, bien por haberles acusado de herejía. En el primer dibujo del Álbum B, aparece a los pies del altar el símbolo de la muerte, la calavera; su importancia en esta composición se manifiesta por el cambio en los dos dibujos para los Sueños, al introducir Goya tibias esparcidas por el suelo y tres cráneos fuertemente iluminados, que dirigen las cuencas vacías de sus ojos hacia los brujos, acusándoles de su muerte. La terrible crítica de esa imagen debió parecerle excesiva o peligrosa para llevarla a la estampa, donde sustituyó las calaveras por dos seres de rostro embrutecido, con el agua hasta el cuello, a punto de ahogarse en una extensa superficie que parece representar el mar, tal vez, de nuevo, una referencia a San Juan. La iconografía del Evangelista en la que escribe las revelaciones del Apocalipsis a la orilla del mar, en la isla de Patmos, concuerda con esta composición y la importancia capital que se da al libro. Las expresiones devotas de los dos seres indican que escuchan con fervor los cánticos incomprensibles, por ser en latín, de los brujos-obispos y de sus acólitos que les van a llevar a la muerte. Se relacionan, aparte de las obras conservadas en el Museo del Prado (G02158, G00739 y G01944), un dibujo preliminar realizado a tinta china denominado Álbum B, 56 (1794-1795) de la National Gallery of Art de Washington D.C. con numeración 1991.182.10b (DR) del que para el reverso se retoma la idea de las brujas; y una lámina de cobre con recubrimiento electrolítico de acero correspondiente a la estampa de Caprichos, 70 de la Calcografía Nacional de Madrid con numeración 3496. Además, se encuentra recogido el estudio preparatorio que nos ocupa (D04392), en el Catálogo de dibujos de Gassier de 1975(anverso, num. II 41; reverso, núm. II 42). En cuanto a observaciones: tanto en la representación delantera, Sueño de bruja principianta, como en la trasera, Sueño de Brujas, aparece la impronta de la huella de la lámina, dejada por la presión del tórculo durante el proceso de calco del dibujo sobre la plancha de cobre, con unas medidas de 210 x 167 mm. Tiene puntizones verticales de 27 mm (Texto extractado de Mena Marqués, M. Sueño 3. Sueño de bruja principianta, en Matilla, J. M., Mena Marqués, M. (dir.): Goya: Luces y Sombras, Barcelona, Fundación La Caixa-Madrid, Museo Nacional del Prado, 2012, p. 250).

