Lo mismo en otras partes
1810 - 1814. Aguada, Punta seca, Buril, Aguafuerte sobre papel avitelado.No expuesto
Esta estampa refleja el lado más cruel del enfrentamiento bélico. Con gran detallismo, Goya dispone un conjunto de cadáveres amontonados junto a sus armas en el suelo. La dramática expresión de sus rostros y sus posiciones descoyuntadas se asemejan a las de los muertos de El 2 de mayo (P000748). El título alude a la generalización de este tipo de escenas durante la guerra de Independencia.
La reiteración temática es uno de los recursos que Goya emplea para enfatizar la importancia que concede a determinados aspectos de la guerra y sus consecuencias. Los nexos que establece a través de los títulos refuerzan también esta idea, tal y como se aprecia en esta estampa integrada en una secuencia en la que se muestran matanzas colectivas. Su método de trabajo en los Desastres se sustenta en un número no excesivamente amplio de recursos, combinándolos entre sí y logrando diversidad. Lo mismo en otras partes es un buen ejemplo de esta técnica que lejos de resultar monótona ofrece una visión variada de un tema. En esta estampa vemos los resultados inmediatos de un combate. Los cadáveres yacen repartidos de forma desorganizada por un terreno irregular que se pierde en profundidad y que revela al fondo el humo de un incendio provocado durante el enfrentamiento. El espacio abovedado característico de sus obras de tema violento, como en las series para el marqués de la Romana y para Manuel García de la Prada, se repite en esta estampa. La entrada de una cueva es probablemente el escenario donde se ha desarrollado la escaramuza que contemplamos en primer plano, aunque como aclara el título, lo mismo ocurre en otras partes; circunstancia que se evidencia en el otro montón de muertos que se aprecia en segundo término.
La comparación de la estampa con el dibujo preparatorio (D004385) refleja un interesante modo de concebir la imagen definitiva. Partiendo de la representación de una escena de batalla en el dibujo, donde uno de los combatientes todavía está en pie tras recibir un disparo, concluye en el grabado con una imagen donde todo yace en el suelo, los hombres y sus armas. Puede resultar paradójico que Goya muestre un grado extremado de precisión en la representación de cada uno de los detalles, pero ahí radica precisamente la verosimilitud de la escena. Gracias a este realismo, las víctimas dejan de ser figurines, como hasta ahora había ocurrido en las representaciones bélicas, para convertirse en seres humanos capaces de transmitir emociones o de generar sentimientos al espectador. Los rostros, las posturas forzadas y la rigidez cadavérica son demostrativos de los espasmos propios de una muerte violenta. Y una atenta observación permite apreciar que al fondo quizá un hombre todavía permanece con vida, con su cabeza y manos extendidas, pidiendo un auxilio que probablemente nunca llegue. Como en algunas otras estampas de los Desastres, Goya firmó la lámina en el ángulo inferior izquierdo, quedando medio tapado por las líneas de aguafuerte que añadió posteriormente para configurar el terreno, por lo que de nuevo añadió otra firma más a la derecha, dejando esta vez claramente visible su autoría.
Matilla, José Manuel, Goya: en tiempos de guerra, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2008, p.320