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Itinerario

Desdibujadas. Parada IV. Mujer y trabajo

Martes de junio

El Arte, desde sus distintas disciplinas, ha sido una vía de expresión y difusión de ideas y conceptos, de canalización de emociones y reflejo del contexto en el que vivieron sus creadores. La Pintura o la Escultura funcionan, por tanto, como un espejo en el que vemos reflejados los códigos sociales, políticos, ideológicos, religiosos o filosóficos de un tiempo y una cultura determinados.
El uso didáctico e incluso dogmático de la imagen ya existía en Grecia y Roma y continuó a lo largo de la Historia. Desde los mitos y su representación artística se fueron construyendo unos modelos, valores y patrones que se perpetuarían en el tiempo, a veces con leves variaciones, pero que difundían un modelo concreto de qué significaba ser mujer y a qué se asociaba lo femenino. Otros tiempos y culturas vendrían, pero los roles y corsés seguirían siendo los mismos.
Mujeres que jugaron un papel importante en la Historia, mujeres humildes y desconocidas, políticas, creadoras, artistas… todas se vieron afectadas por esas estructuras sociales y de pensamiento. ¿Qué imagen se transmitió de ellas? ¿Cuántas fueron olvidadas? Incluso a día de hoy, contemplamos sus retratos y hay narrativas y códigos que permanecen. ¿Y si miramos desde otra perspectiva? 

Todos los martes de junio publicaremos nuevos contenidos que ayuden a escribir una nueva Historia del Arte que tenga en cuenta a todos y todas sus protagonistas.

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Desdibujadas

Mujer y trabajo

Mujer y trabajo

Mercado, Joachim Beuckelaer. 1564

La asociación de las mujeres al ámbito doméstico y la identificación del trabajo con el desarrollo de una actividad realizada fuera del hogar y por la que se percibía un salario, llevó a ocultar durante siglos la presencia y protagonismo social de las mujeres en el mundo de la agricultura, la industria y otros sectores. Su presencia en tales actividades y su implicación en el desarrollo económico y social fue vital, si bien o se infravaloraban sus trabajos y saberes o directamente se anulaba su protagonismo, incluso en actividades específicas que, se entendía, solo una mujer podía desempeñar.
Pero, como siempre, la pintura, cual fotografía de su tiempo, plasmó cientos de escenas en las que las mujeres aparecen desarrollando todo tipo de tareas. Campesinas, aguadoras, tejedoras y parteras sumaban a sus actividades y quehaceres en el hogar amplias jornadas de trabajo

 

Mujer y tierra. Campesinas

Mujer y tierra. Campesinas
La vendimia o El Otoño, Francisco de Goya y Lucientes, 1786

La relación de las mujeres con la tierra viene de tiempos ancestrales. Recolectoras en la sociedad paleolítica, su papel en la siembra y recolección desde el descubrimiento de la Agricultura fue también determinante.

Obras como Una granja, de Jan Brueghel el Viejo y Joos de Mompert II, muestran a mujeres en distintas actividades campestres. Las escenas costumbristas de los pintores del Norte de Europa son magníficos testimonios de la presencia e importancia de la mujer en el desarrollo de todas estas actividades. Las mujeres de clases populares tenían que trabajar para vivir, colaborando con los hombres, en ocasiones por ser cabeza de familia, otras veces para poder obtener su propio sustento o conseguir un extra para la economía familiar o la obtención de una dote.

En La vendimia o El Otoño Goya representa a una recolectora de uvas, haciéndonos partícipes de la importancia del trabajo femenino en el campo también en el Siglo XVIII. Aunque se remarcan las diferencias sociales entre propietarios y asalariados, la escena también es reflejo de cómo la industrialización y la revalorización de la producción y el trabajo permitió que las mujeres alcanzaran mayor presencia en el mundo laboral y ganaran cierta independencia.

Mujer y agua. Aguadoras y lavanderas

Mujer y agua. Aguadoras y lavanderas
Mercado y lavadero en Flandes. Jan Brueghel el Viejo y Joost de Momper II, h. 1620

En los pueblos y ciudades del Siglo XVIII y XIX, muchas eran las mujeres que acudían a fuentes y pilones a llenar los cántaros de agua y poder así abastecer el hogar de un elemento no solo necesario para la vida, sino también para actividades cotidianas como la higiene, la cocina o la limpieza. En el Museo del Prado se conservan algunas imágenes de estas aguadoras, como la realizada por Goya en Las mozas del cántaro. Su papel fue esencial en plena Guerra de la Independencia, asistiendo a soldados y voluntarios, a pesar de que en muchas ocasiones se exponían a todo tipo de peligros solo por salir solas fuera de la ciudad.

Una pintura anterior como es Mercado y lavadero en Flandes nos muestra nuevamente la importancia del trabajo femenino. Tras las concurridas calles de una pequeña villa, lejos del ir y venir de gentes y el alborozo del mercado, decenas de mujeres hacen la colada y secan las sábanas y blancas telas bajo el tímido sol. Las lavanderas encontraban en estos espacios calma e independencia, y el trabajo se convertía en alianza y reducto a pesar de ser tareas de gran dureza física y mal remuneradas.

Vendedoras y comerciantes

Vendedoras y comerciantes
El cambista y su mujer, Marinus van Reymerswale, 1539

Las materias primas y productos derivados de la agricultura y la ganadería no eran solo para el autoconsumo; también se vendían en pequeños núcleos urbanos o se hacían llegar a ciudades más pobladas. El pintor flamenco Joachim Beuckelaer, especializado en escenas de mercado, inmortalizó en su obra Mercado a varias mujeres que exhibían en su puesto un rico muestrario de productos traídos directamente de las granjas, como panes, quesos o aves. Pese a la naturaleza de la escena, la presencia de la comida servía como pretexto para hablar de pecados como la gula, la lujuria o la avaricia. El artista envuelve el momento de cierta carga erótica, pero esta recae sobre todo en la dama de la derecha, expuesta a la mirada y tacto lascivo de uno de los personajes, afrenta socialmente aceptada en aquellos tiempos y en otros posteriores, aunque se denominara galanteo.

En El cambista y su mujer, Marinus retrata a un matrimonio burgués entregado a la cuenta, clasificación y registro del dinero. Se trata de una escena más igualitaria. En las nuevas sociedades burguesas, el papel de la mujer fue de gran apoyo en los negocios familiares, trabajando incluso como contables, prestamistas y gestoras del dinero. Si bien había diferencias sociales, no eran excluidas del nuevo modelo de vida.

La mujer en la industria

La mujer en la industria
Las hilanderas o la fábula de Aracne, Diego Velázquez, 1655-60

Más allá del mito que Velázquez narra en Las hilanderas, la escena es un maravilloso registro de las mujeres que trabajaban en el hilado y devanado de la lana que se empleaba en la fabricación de los tapices que decorarían después distintas estancias de los Sitios Reales. La escena ha querido asociarse con la madrileña Fábrica de tapices de Santa Isabel -anterior a la de Santa Bárbara y ubicada cerca de la calle Atocha-, pero lo cierto es que en aquellas fechas muchas hilanderas trabajaban en casa o incluso en la calle, sin horario definido y mal pagadas. Como mujeres artesanas, habían sido expulsadas de los gremios, aunque su presencia en muchos talleres era habitual.

Esas diferencias aparecen también en La Industria de Goya. Pese a que en el Siglo XVIII se eliminaron las restricciones que impedían que las mujeres trabajaran en los gremios, pues se las necesitaba como mano de obra para favorecer el despegue económico, ellas siguieron trabajando en condiciones propias del siglo anterior. No obstante, los talleres textiles fueron espacios de socialización y sororidad. Para ellas, alcanzar el título de maestra cordonera o tejedora era casi imposible.

Educación y cuidados

Educación y cuidados
El Nacimiento de la Virgen, Ambrosius Benson, h. 1528

Dado que mujer y cuidados siempre estuvieron unidos, toda profesión relacionada con los mismos se entendía, por extensión, como propia de la mujer.

Así, en distintas escenas del Nacimiento de la Virgen, artistas como Ambrosius Benson representan a las parteras, nodrizas y otras acompañantes rodeando y colmando de cuidados a la madre recién parida.

Si bien no podían acceder a estudios científicos como la Medicina, algunas mujeres ayudaban también en intervenciones quirúrgicas -más o menos profesionales- como enfermeras, tal y como podemos contemplar en El cirujano o La extracción de la piedra de la locura de Jan Sanders van Hemessen.

También encontramos en las colecciones del Museo del Prado ayas y cuidadoras. Mujeres como Marcela de Ulloa, en la zona derecha de Las meninas, Camarera Mayor encargada del cuidado de la infanta Margarita Teresa de Austria. Las tareas intelectuales y de formación quedaban reservadas a los hombres, quienes impartían las distintas materias que garantizaban la óptima educación de los futuros gobernantes. Por supuesto existían diferencias entre la formación de príncipes y princesas; salvo en casos excepcionales, como el de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Su padre, Felipe II, y su madre, Isabel de Valois, se empeñaron en que tuvieran acceso a una educación singular para las Cortes de aquellos tiempos.

Política

Política
La infanta Isabel Clara Eugenia, Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo, h. 1615

Durante mucho tiempo, el papel de la mujer en política se vio limitado a su importancia en las alianzas matrimoniales. Determinados enlaces garantizaban el poder, permitían aumentar los territorios, crear imperios y mantenerlos.

No obstante, mujeres como Juana de Austria, Isabel Clara Eugenia, María I de Inglaterra, Isabel de Farnesio, Mariana de Austria o Cristina de Suecia, dieron muestra de su absoluta capacidad para los asuntos de Estado. Como regentes temporales, gobernadoras de territorios anexionados a la Monarquía española, protectoras del trono en ausencia de sus hermanos o garantes de los derechos de sus hijos, pelearon para demostrar su valía. Supieron hacer frente a las intrigas de Palacio, rodearse de asesores de confianza, enfrentarse a los enemigos de la Corona y desarrollar una política con identidad propia.

La historia de otras damas asociadas a la nobleza y la aristocracia quizás no nos resulte tan conocida. Es el caso, por ejemplo, de Camilla Gonzaga, Condesa de San Segundo. Descrita en la mayoría de las crónicas como esposa de Pedro María Rossi, lo cierto es que esta mujer, perteneciente a una de las familias más importantes de la Italia del Renacimiento, participó activamente en la política familiar y asesoró a su hijo Troilo en el desarrollo de su carrera diplomática.

Profesiones liberales

Profesiones liberales
La actriz María Guerrero como La dama boba, Joaquín Sorolla y Bastida, 1906

Poco a poco las mujeres fueron conquistando nuevos espacios en la sociedad y el mundo laboral. Profesiones que durante siglos les habían sido vetadas, eran ahora lugares en los que desarrollar otras actividades y perfiles, no ya como hobby consentido o permitido sino como oficio o actividad profesional reconocida y remunerada.

Una de esas pioneras fue Carolina Coronado, mujer de educación liberal y gran amante de las Artes que colaboró activamente en La gaceta de las mujeres, publicación en las que todas las redactoras eran damas. Llegó a dirigir la revista El pensamiento y escribió poesía, obras de teatro, diversos folletines y biografías de damas de relevancia como María Waldstein, rompiendo así con el modelo de feminidad tradicional.

Otra pionera fue la actriz María Guerrero, gran dama de la escena teatral que desarrolló su trabajo como actriz en España y América del Sur. Representó obras de Galdós, Valle-Inclán y Benavente, trabajó junto a la famosa Sarah Bernhardt y favoreció la llegada a España de nuevas corrientes del teatro europeo.

Y, por supuesto, mujeres pintoras. Pero a ellas dedicaremos la última de nuestras paradas.

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