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Exposición

Darse la mano. Escultura y color en el Siglo de Oro

Museo Nacional del Prado. Madrid 19/11/2024 - 2/3/2025

Hasta el 2 de marzo de 2025 el Museo del Prado y la Fundación AXA presentan, en las salas A y B del edificio Jerónimos, “Darse la mano. Escultura y color en el Siglo de Oro”, una exposición que reflexiona sobre el éxito de la escultura policromada barroca y su complementariedad con la pintura. Lo hace mediante una espectacular escenografía que acoge casi un centenar de esculturas de grandes maestros como Gaspar Becerra, Alonso Berruguete, Gregorio Fernández, Damián Forment, Juan de Juni, Francisco Salzillo, Juan Martínez Montañés o Luisa Roldán. Junto a ellas, pinturas y grabados que, como en un juego de espejos, las emulan o reproducen, y piezas clásicas que dan testimonio de la importancia del color en la escultura desde la Antigüedad.

Comisariada por Manuel Arias Martínez, Jefe de Departamento de Escultura del Museo Nacional del Prado, la exposición reivindica la importancia de la escultura policromada para una comprensión integral del arte español y presenta por primera vez al público cinco importantes obras recientemente adquiridas por el museo: Buen y Mal ladrón de Alonso Berruguete, San Juan Bautista de Juan de Mesa y José de Arimatea y Nicodemo, pertenecientes a un Descendimiento castellano bajomedieval.

Comisario:
Manuel Arias Martínez, Jefe del departamento de Escultura del Museo Nacional del Prado.

Acceso

Sala A y B . Edificio Jerónimos

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Con el patrocinio de:
Fundación AXA

Multimedia

Exposición

La exposición

La exposición
Cristo del Perdón

Luis Salvador Carmona

Madera policromada y postizos

1756

Nava del Rey (Valladolid), Clarisas Capuchinas

El pintor y tratadista Antonio Palomino, al elogiar la escultura del Cristo del Perdón, que talló Manuel Pereira y policromó Francisco Camilo, concluía su comentario diciendo: “Así la pintura como la escultura, dándose las manos, componen un prodigioso espectáculo”. La síntesis de volumen y color, que entroncaba con una tradición ininterrumpida desde la Antigüedad clásica, triunfó de manera especial en el mundo hispánico del Siglo de Oro y constituye uno de los capítulos más fascinantes de nuestra creación artística.

La escultura devocional, en la que lo divino cobraba una forma tangible y corpórea, aumentaba su eficacia comunicativa cuando se fusionaba con el color, entendido este no como un mero adorno sino como parte imprescindible de la pieza, al otorgarle una apariencia más cercana y verosímil. Escultores y pintores trabajaron al unísono para crear unas obras en las que ambas labores se fundían con perfección, superando la rivalidad entre estas artes hermanas. Al mismo tiempo, la escultura pintada se convirtió en un arma doctrinal cuya intensidad se incrementaba al sacar todo el partido a sus valores escénicos, ya fuera al formar parte de una procesión o al ser representada en un lienzo. Se erigió así en una herramienta ideal al servicio de la oratoria y la persuasión, un apoyo fundamental en la transmisión del mensaje sagrado.

Sección I. Dioses y hombres de bulto y de colores

Sección I. Dioses y hombres de bulto y de colores
Venus tipo Lovatelli con idolillo

Taller pompeyano

Siglo I d. C. Mármol de Paros y restos de policromía.

Nápoles, Museo Archeologico Nazionale di Napoli

El arte de la escultura y sus primeros materiales, como el barro, la piedra o el hueso, estuvieron presentes en los relatos sobre la creación de los seres humanos desde los tiempos más remotos, comenzando por los mitos griegos, en el primer hombre modelado por Prometeo o en las piedras arrojadas por Deucalión y Pirra tras el diluvio, y siguiendo por la historia bíblica de Adán y Eva. Emular la figura humana por medio de la escultura se vio pronto como algo necesario y natural. También la divinidad cobraría en esa forma una apariencia más carnal y protectora, que acrecentaba su veracidad cuando se cubría de color, atributo esencial de la vida frente a la palidez de la muerte.

Desde la Antigüedad, el color fue incorporado al volumen tanto mediante el uso de materiales de diverso cromatismo como aplicando pigmentos directamente sobre las superficies. Ambas posibilidades confluirían en el mundo hispánico de la Edad Moderna, donde, con la madera como protagonista, los postizos convivieron con refinadas labores de policromía. La unión de escultura y color no solo logró entonces elevadas cotas de excelencia, sino que potenció la eficacia devocional de las imágenes, su capacidad para convencer y emocionar.

Sección II. Escultura para la persuasión

Sección II. Escultura para la persuasión
La lactación de san Bernardo

Alonso Cano

1645-52 y 1657-60. Óleo sobre lienzo

Madrid, Museo Nacional del Prado

La corporeidad de la escultura propiciaba una correspondencia directa y natural con la realidad, y al mismo tiempo dotaba a lo divino de una apariencia tangible y humana, que se hacía más creíble a través de la gestualidad. La literatura devota quiso que las imágenes más famosas hablaran, se movieran, cambiaran su tonalidad, se entristecieran o llorasen; en definitiva, que establecieran una comunicación directa con el fiel, como si estuvieran realmente vivas.

Teólogos y predicadores alimentaron estas historias prodigiosas y muchos defendieron la veracidad palpable de lo escultórico frente al ilusionismo de lo pictórico, cuya belleza era visible pero inasible. Las mayores posibilidades narrativas de la pintura sirvieron sin embargo para dejar testimonio de sucesos milagrosos, contribuyendo a fijar en la memoria historias en las que lo natural y lo sobrenatural se confundían.

También la estampa desempeñó un papel fundamental a la hora de difundir las principales devociones escultóricas. Gracias a la ligereza y la accesibilidad del papel, sus valores taumatúrgicos y sanadores se extendieron en el tiempo y el espacio.

Sección III. Artífices y mediadores divinos y humanos

Sección III. Artífices y mediadores divinos y humanos
La Inmaculada Concepción

Gregorio Fernández

h. 1630. Madera policromada, plata y postizos

Monforte de Lemos (Lugo), monasterio de Santa Clara

La singularidad y el prestigio de algunas esculturas devotas se apoyaba en leyendas que atribuían su creación a talleres angélicos o a personajes bíblicos como Nicodemo o san Lucas. No obstante, también los artífices convencionales de figuras sagradas debían ser virtuosos, porque su tarea trascendía el mero ejercicio artístico.

El culto a san José y a su oficio de carpintero cobró especial importancia. El taller donde transcurrió la infancia de Cristo sirvió como metáfora de su posterior martirio en la cruz, y la trabajosa labra de la madera por parte del escultor como imagen de la vida cristiana entendida como un ejercicio de privación y renuncia encaminado a alcanzar la eternidad.

Junto a la idea muy común del Dios pintor, los sermones también emplearon su imagen como supremo escultor. A él debía el ser humano su forma primera, pero correspondía a cada hombre o mujer, a través de sus actos, “policromar” la obra divina con mayor o menor fortuna. Escultura y pintura se fundían así en una síntesis perfecta al servicio del relato sagrado.

Sección IV. Volumen y policromía

Sección IV. Volumen y policromía
María Magdalena

Juan de Juni (escultor) y Juan Tomás Celma (policromador)

1551-70. Madera policromada

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

La acción combinada de la escultura y la pintura perseguía la verosimilitud tanto de la anatomía como de su envoltura textil. La tercera dimensión hacía más creíble la humanidad de los santos, pero su efecto solo estaba completo cuando se incorporaba el color. “Cada figura, por perfecta que sea en la escultura, es un cadáver”, escribía en 1677 el benedictino Gregorio de Argaiz, y añadía: “Quien le da vida, y alma, y espíritu, es el pincel que representa los afectos del alma. La escultura forma al hombre tangible y palpable en cuanto a todos los miembros y partes que pertenecen a la corporeidad; mas la pintura dale la vida”.

Gracias a su bajo coste y a su arraigada tradición, la madera se alzó como el material por excelencia de la escultura, susceptible de colorearse para simular la piel, pero también vestidos que podían adaptarse a la moda de cada momento. El trabajo de la policromía, ya fuera obra del autor de la talla o de un artista especializado, alcanzó una enorme sofisticación técnica y una gran consideración. El resultado podía realzarse con telas encoladas o reales, pero también con joyas, marfil, vidrio o pelo auténtico. Todo ello para crear representaciones familiares y cercanas, con las que los fieles se identificaban con naturalidad.

Sección V. Negro de luto en un juego de espejos

Sección V. Negro de luto en un juego de espejos
La Virgen de la Soledad

Atribuido a Sebastián Herrera Barnuevo

h. 1665. Óleo sobre lienzo

Madrid, Museo Nacional del Prado

La imagen de la Virgen de la Soledad, venerada en el convento de la Victoria de Madrid desde 1568 y perdida en un incendio en 1936, constituye un paradigma de la interrelación entre pintura y escultura. Nacida en el contexto cortesano tridentino, como enseña de una cofradía penitencial bajo la protección de la reina Isabel de Valois, se concibió con una intención que le proporcionaba un valor añadido: ser llevada en procesión.

Su singularidad se fundaba asimismo en su hechura milagrosa. La leyenda presentaría a su artífice, Gaspar Becerra, como una suerte de médium en contacto con la divinidad, que le daría las instrucciones para crear la icónica obra, una escultura de vestir cubierta con un sencillo atuendo de luto blanco y negro. Encontramos aquí un nuevo vínculo con la Antigüedad, donde el negro ya era expresión visual del dolor y la muerte.

La Soledad ejemplifica además el potencial de la interacción entre escultura, pintura y estampa. Reproducida y copiada hasta la extenuación, recreada y reinterpretada por los artistas más famosos y en todos los medios, como en un juego de espejos, se convirtió en una de las devociones más netamente hispánicas, difundida desde Filipinas hasta Nueva España y desde Sicilia hasta Flandes.

Sección VI. Escultura, teatro y procesión

Sección VI. Escultura, teatro y procesión
Sed tengo

Gregorio Fernández

1612-16. Madera policromada y postizos

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

Animadas por la fuerza vivificadora del color, las esculturas en madera dieron alas al fenómeno procesional, que a su vez les otorgaría un nuevo poder: la conquista del espacio urbano. Los pasos procesionales, ya fueran de figuras individuales o de grupo, como escenas congeladas, potenciaron los valores dramáticos por medio de las actitudes contrastadas, el vivo cromatismo o el dinamismo de las composiciones. A su expresividad y capacidad comunicadora contribuiría asimismo el atractivo de su contemplación en movimiento. Algunas figuras, incluso, se articulaban para aumentar su efecto y su influencia sobre los fieles.

Estas formas de religiosidad popular serían cuestionadas por los ilustrados. Uno de ellos, el padre Isla, llegó a calificar esas imágenes y sus representaciones escénicas de “títeres espirituales”.

La policromía también desempeñó un papel fundamental en esa búsqueda de la verosimilitud, tanto la de los atuendos como la de la anatomía. La tonalidad de la piel seguía códigos muy concretos para diferenciar el origen o el temperamento de los distintos personajes, y en definitiva para adoctrinar a quienes los contemplaban.

Sección VII. El círculo cerrado, de la traza al trampantojo a lo divino

Sección VII. El círculo cerrado, de la traza al trampantojo a lo divino
Santo Domingo de Guzmán

Claudio Coello

h. 1685. Óleo sobre lienzo

Madrid, Museo Nacional del Prado

La interrelación entre escultura y pintura tuvo en los proyectos dibujados para los altares y retablos una de sus más interesantes manifestaciones. Durante los oficios sagrados, la palabra y la música se fundían con estas espectaculares estructuras para crear una obra total, al modo de una gran ópera.

Para ocasiones especiales, como la Semana Santa, se idearon los velos de Pasión, grandes telones que reproducían el retablo que ocultaban con los tonos pálidos de la muerte. Eran pinturas a imitación de la escultura y la arquitectura, que aportaban una nueva apariencia a la obra tridimensional, en un sugestivo juego entre lo plano y lo volumétrico.

Una idea similar se escondía tras los “verdaderos retratos” que se pintaron de las esculturas con una mayor fortuna devocional, trampantojos a lo divino que las mostraban en sus propios altares, a menudo flanqueadas por cortinas que, si en la realidad solían permanecer cerradas, velando el misterio, en estas pinturas se mostraban permanentemente abiertas, permitiendo una contemplación más íntima y cercana, porque “así la pintura como la escultura, dándose las manos componen un prodigioso espectáculo”.

Obras

Venus tipo Lovatelli con idolillo
1
Venus tipo Lovatelli con idolillo

Taller pompeyano

Mármol de Paros y restos de policromía

Siglo I d. C

Nápoles, Museo Archeologico Nazionale di Napoli

2
Esculturas pintadas de Diana y Apolo

Taller pompeyano

Pintura mural al fresco

Siglo I a. C

Nápoles, Museo Archeologico Nazionale di Napoli

5
Dédalo talla la vaca de Pasifae

Jean Lemaire

Óleo sobre lienzo

h. 1642

París, Musée du Louvre, en depósito en Agen, Musée des Beaux-Arts d’Agen

8
Pigmalión enamorado de su estatua

Jean Raoux

Óleo sobre lienzo

1717

París, Musée du Louvre, en depósito en Montpellier, Musée Fabre

9
Putto dormido

Tommaso Fedele

Pórfido rojo y alabastro fiorito y broccatello

h. 1640

Roma, Fondazione Dino ed Ernesta Santarelli

10
Meleagro

Taller romano y Giovanni Battista de Bianchi

Mármol rojo de Rodas

Siglo I d. C. y 1581 (cabeza y añadidos)

Nápoles, Museo Archeologico Nazionale di Napoli

12
Cristo crucificado del cardenal Belluga

Taller siciliano

Mármoles de colores con restos de policromía y postizos

Principios del siglo XVIII

Murcia, parroquia de Santa Eulalia

13
La Virgen de Valvanera

Taller castellano

Madera policromada, plata y postizos

1702

Astorga (León), catedral de Astorga 

14
La Virgen de Valvanera

Anónimo español

Óleo sobre lienzo

Primer tercio del siglo xviii

Colección BBVA

15
El milagro de Córdoba

Francesco Maffei 

Óleo sobre lienzo

1655

Vicenza, Diócesis de Vicenza, parroquia de Santa Maria ai Servi, oratorio de San Nicola

16
El milagro del Cristo del Rescate en Argel

Jerónimo Jacinto de Espinosa

Óleo sobre lienzo

1623

Valencia, Patronos de la Fundación del Cristo del Rescate

17
Cristo del Grao de Valencia

Andrés Marzo 

Lápiz, tinta parda y gris a pluma y aguadas de tinta parda y gris

h. 1650

Madrid, Museo Nacional del Prado

18
Sor Francisca Dorotea

Bartolomé Esteban Murillo

Óleo sobre lienzo

h. 1674

Catedral de Sevilla

21
La Virgen del Sagrario abraza a su imagen en la catedral de Toledo

Eugenio Cajés 

Lápiz rojo, difumino y aguada de lápiz rojo

h. 1615

Madrid, Biblioteca Nacional de España

29
La Inmaculada Concepción

Gregorio Fernández 

Madera policromada, plata y postizos

h. 1630

Monforte de Lemos (Lugo), monasterio de Santa Clara

30
Santo Cristo de Burgos

Mateo Cerezo el Viejo 

Óleo sobre lienzo

1626-75

Valladolid, Museo Nacional de Escultura, en depósito en Museo de Burgos

31
Cristo atado a la columna

Gregorio Fernández 

Madera policromada y postizos

h. 1619

Patrimonio Nacional, Colecciones Reales. Madrid, Real Monasterio de la Encarnación

32
San José con el Niño

Alonso Cano (escultor y policromador) y Pedro de Mena y Medrano (¿escultor?)

Madera policromada y postizos

1653-57

Granada, Museo de Bellas Artes

33
San José con el Niño

Alonso Cano

Óleo sobre lienzo, 142,5 × 102 cm

h. 1645

Colección Masaveu

37
Verdadero retrato de Jesús Nazareno del hospital de México

Atribuido a Nicolás Guzmán

Óleo sobre lienzo con aplicaciones de oro

Último tercio del siglo xvii

Madrid, Carteia Fine Arts

42
San Lucas Evangelista

Damián Forment (escultor) y Andrés de Melgar (policromador)

Madera policromada

1537-41

Catedral de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), retablo mayor

45
San Juan Bautista y el banquero Diego de la Haya

Alonso Berruguete

Madera policromada

1537

Valladolid, iglesia parroquial de Santiago Apóstol, retablo de la Epifanía

46
San Juan Bautista

Juan de Juni (escultor) y Juan Tomás Celma (policromador)

Madera policromada

1551-70

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

47
María Magdalena

Juan de Juni (escultor) y Juan Tomás Celma (policromador)

Madera policromada

1551-70

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

48
Santo Tomás

Gaspar Becerra (escultor) y Gaspar de Hoyos y Gaspar de Palencia (policromadores)

Madera policromada

1558-62 (talla) y 1570-79 (policromía)

Catedral de Astorga (León), retablo mayor

49
San Judas Tadeo (?)

Gaspar Becerra (escultor) y Gaspar de Hoyos y Gaspar de Palencia (policromadores)

Madera policromada

1558-62 (talla) y 1570-75 (policromía)

Catedral de Astorga (León), retablo mayor

50
La Sagrada Familia

Gregorio Fernández (escultor) y Diego Valentín Díaz (¿policromador?)

Madera policromada y postizos

h. 1615

San Bernardo, Valbuena de Duero (Valladolid), parroquia Asunción de Nuestra Señora

51
Santo Domingo de Guzmán

Juan Martínez Montañés (escultor) y Francisco Pacheco (policromador)

Madera policromada

1605-9

Sevilla, Museo de Bellas Artes

52
Cristo de las Penas

Hermanos García

Terracota policromada y postizos

Primer tercio del siglo xvii

Granada, Archidiócesis de Granada, iglesia de los Santos Justo y Pastor

53
La Virgen de Belén

Pedro de Mena

Madera policromada y postizos

h. 1675

Madrid, colección Granados

54
La transverberación de santa Teresa

Giacomo Colombo 

Madera policromada y postizos

1726

Madrid, convento de las Trinitarias Descalzas

55
Calvario

Taller guatemalteco

Madera policromada y postizos

Segundo tercio del siglo xviii

Berlanga de Duero (Soria), Obispado de Osma-Soria, colegiata de Santa María del Mercado

56
Los primeros pasos de Jesús

Luisa Roldán, La Roldana 

Terracota policromada

h. 1692-1704

Museo de Guadalajara

57
La Virgen Dolorosa

Cristóbal Ramos

Madera, telas encoladas y policromadas y postizos

1751-1800

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

59
Cristo crucificado

Juan Sánchez Cotán

Óleo sobre lienzo

1603-5

Granada, Museo de Bellas Artes

60
Ceres

Taller romano

Mármol de Paros y basanita

90-110 d. C

Florencia, Galleria degli Uffizi

63
La Virgen de la Soledad en su retablo

Matías de Irala 

Aguafuerte y buril

1726

Madrid, Biblioteca Nacional de España

64
Nuestra Señora de la Soledad en sus andas

Matías de Irala

Aguafuerte y buril

1753 (?)

Madrid, Biblioteca Nacional de España

67
La Virgen de la Soledad

Alonso Cano

Óleo sobre lienzo

1650

Catedral Metropolitana de Granada

68
La Virgen de la Soledad

Luis Salvador Carmona

Madera policromada, telas y postizos

1745-50

Real Sitio de San Ildefonso (Segovia), Hermandad de la Real Esclavitud del Santísimo Cristo del Perdón y de la Virgen de la Soledad, iglesia de Nuestra Señora del Rosario

69
La Virgen de la Soledad y el alma cristiana

Anónimo castellano

Óleo sobre lienzo

1704

Zamora, Madres Clarisas, convento del Corpus Christi

72
Procesión de disciplinantes

Francisco de Goya

Óleo sobre tabla

1808-12

Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

73
Estandarte procesional con escena de la Natividad

Neri di Bicci

Temple y pan de oro sobre tabla

1452-92

Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya. Legado de Francesc Cambó, 1949

74
Cristo de la tabla

Taller español

Madera policromada y óleo sobre tabla

h. 1550 (Cristo) y h. 1680-1700 (cruz)

Montilla (Córdoba), Diócesis de Córdoba, parroquia de Santiago Apóstol

75
Proyecto para el paso procesional de la Flagelación de Cristo

Alejandro Carnicero

Tintas gris y parda a pluma y aguada de tinta gris

1716-30

Madrid, Biblioteca Nacional de España

77
Sed tengo

Gregorio Fernández

Madera policromada y postizos

1612-16

Valladolid, Museo Nacional de Escultura

78
Escena de la vida de las santas Justa y Rufina

Taller romanista

Madera policromada

h. 1600

Madrid, colección particular

79
San Fernando

Pedro Roldán (escultor) y Luisa de Valdés (policromadora)

Madera policromada y postizos

h. 1671

Catedral de Sevilla

80
San Juan Evangelista

Francisco Salzillo

Madera policromada y postizos

1756

Murcia, Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno

86

Madrid, Museo Nacional del Prado

91
La Virgen con el Niño y donantes

Pedro Anastasio Bocanegra

Óleo sobre lienzo

1650-1700

Bilbao, Museo de Bellas Artes. Donación de doña Blanca, doña Begoña y doña Aránzazu Alzola de la Sota, 2002

92
Cristo de Ocaña

Luca Giordano

Óleo sobre lienzo

h. 1695

Patrimonio Nacional, Colecciones Reales. San Lorenzo de El Escorial (Madrid), Real Monasterio

94
Cristo de la Victoria

Sebastián de Herrera Barnuevo

Óleo sobre lienzo

h. 1650

Alba de Tormes (Salamanca), Museo Carmus “Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes”. Monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen, sepulcro de santa Teresa de Jesús

95
Cristo del Perdón

Luis Salvador Carmona

Madera policromada y postizos

1756

Nava del Rey (Valladolid), Clarisas Capuchinas

96
Cristo del Perdón con Dios Padre y el Espíritu Santo

Francisco Camilo

Óleo sobre lienzo

h. 1650

Madrid, colección Granados

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