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Bosch y Barrau, Pablo

Alonso Cano, Cristo muerto sostenido por un ángel

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Bosch y Barrau, Pablo

L. V. G.

(Barcelona, 1841-Caldetas, Barcelona, 1915). Vocal del Real Patronato del Museo del Prado, nombrado en 1912. Miembro del Patronato desde su creación, realizó propuestas como la de que se suprimiera la condición, necesaria hasta entonces, de haber obtenido primeras medallas en exposiciones nacionales o extranjeras para ser director del Museo del Prado, y que fueran otros méritos -relacionados con el conocimiento de la pintura y la historia del arte en general- los que se considerasen para dirigir ­dicha institución. Asimismo, en 1906 redactó un informe para la Comisión del Congreso de los Diputados que debía dictaminar sobre la propuesta de un nuevo reglamento de exportación de obras de arte. Hombre dedicado a las finanzas, destinó gran parte de su cuantiosa fortuna a la adquisición de obras de arte, que fue reuniendo basándose en su propio criterio artístico y asesorado en ocasiones por su primo, el pintor Laureano Barrau. Especialista en medallas, participó en numerosos congresos y publicó artículos sobre este tema en revistas como el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. Otorgó testamento el 17 de mayo de 1915, pocos meses antes de su muerte, acaecida el 19 de octubre de ese mismo año. En la cláusula octava de su testamento figuraban, extensamente explicadas, las condiciones de su legado al Museo del Prado (aceptado el 19 de octubre de 1915. Orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de 4 de marzo de 1916):
«Lego al Museo del Prado todos los cuadros antiguos, hasta Goya inclusive, que conserve a la hora de mi muerte y que el Patronato de dicho Museo considere dignos de figurar en sus salas. Al efecto, mis testamentarios, tan pronto como les parezca conveniente después de mi fallecimiento, convocarán en mi casa de la calle de Serrano a los señores que forman dicho Patronato, los cuales escogerán los que quieran. No es necesaria la presencia de todos los Vocales; basta que acuda la mayoría. Una vez escogidos serán, los que tal resulten, llevados al Museo tan pronto como se acuerde la admisión del legado por el Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. No por pueril vanidad, sino porque sirva de ejemplo y de estímulo, quiero que por un plazo de veinticinco años, por lo menos, se exhiban todos juntos en una sala o en varias contiguas, según su capacidad; sala o salas a las que se pondrá mi nombre, y en las cuales constará por escrito que todo lo allí expuesto procede de mi legado y que tal legado lo hago en memoria de mi padre político Don Laureano Figuerola. Y como quiero que la instalación se haga con el lujo y el buen gusto a que nos tienen acostumbrados algunos museos extranjeros, destino a este efecto la cantidad que se considere necesaria hasta la suma de veinticinco mil pesetas. Si los señores del Patronato entienden que cabe con ventaja en el Museo mi colección de medallas, adornando con ellas la sala y rompiendo así la monotonía del lugar, lego también al Museo del Prado mi colección de medallas con las vitrinas que las contienen. Pero como las exigencias del libro que sobre ellas estoy escribiendo me han obligado, a falta de ejemplares de la época, a aceptar algunos, muy pocos por fortuna, de producción reciente, quiero, que si yo muero sin haber hecho la separación debida, se designe por el Patronato y por mis testamentarios a Don Antonio Vives o a otra persona compe­tente que excluya del legado todas las que no sean incuestionablemente de la época que representan. Asimismo se excluirán todos los ejemplares repetidos en que hoy la colección abunda. Las monedas así sobrantes quedarán, naturalmente, de propiedad de mis herederos. Si el legado de las medallas se acepta por el Patronato, lego además al Museo del Prado el bargueñito monetario con las monedas autónomas de España que contiene».
Una de las funciones del Patronato del Museo del Prado era la de estimu­lar las donaciones y legados, y de ella dio sobrado ejemplo Bosch, al realizar uno de los legados más importantes de la historia del Museo. El Patronato aceptó el legado y dispuso su exposición en dos salas de la planta baja, en el cuerpo sur del edificio, que se inauguraron el 13 de diciembre de 1916. La colección Bosch, reunida en su casa de Madrid, constaba de alrededor de trescientas pinturas, entre las que el Patronato seleccionó para el Museo cerca de noventa. Se trata de obras italianas, francesas, flamencas y españolas de los siglos XV al XVIII, casi todas de tema religioso. Parte de la importancia del legado Bosch radica en la pintura gótica española, de la que no abundaban los ejemplos en el Museo; figuran obras de Luis Borrassà, de Jaume Huguet o de Fernando Gallego, y algunas que fueron seleccionadas más por su interés documental que por su calidad. Especial relevancia tiene la aportación del legado a los fondos de pintura flamenca, con obras como La Sagrada Familia, de Van Orley, una Crucifixión que Bosch atribuía a Rogier van der Weyden, un San Jerónimo, de Marinus Claeszon van Reymerswaele, o la Virgen con el Niño, de Jan Provost. Completan el conjunto destacadas obras españolas, como la Virgen con el Niño, de Luis de Morales, La Coronación de la Virgen y Fraile trinitario o dominico, de El Greco, Cristo muerto sostenido por un ángel, de Alonso Cano, o el boceto para Santa Justa y santa Rufina, de la catedral de Sevilla realizado por Goya. Junto a las pinturas también ingresó en el Museo la colección de medallas de Bosch, que el testador había ofrecido en su legado. Según él mismo había dispuesto, Antonio Vives, miembro de la Real Academia de la Historia, procedió a su catalogación. Se trata de una nutrida colección de medallas italianas, francesas, inglesas, alemanas, españolas y flamencas, realizadas con diversas técnicas, y cuya datación abarca desde el siglo XV hasta el xix, siendo los ejemplares más antiguos de procedencia italiana. La colección de medallas fue expuesta en las salas del legado Bosch, repartida por procedencia en cuatro vitrinas. El Patronato aceptó también la colección de novecientas cuarenta y seis monedas antiguas españolas, contenidas en el bargueño en el que se encontraban en la casa de Bosch, que no estaban aún catalogadas cuando se inauguraron las salas del legado. Además de las obras de arte, Bosch legó al Museo del Prado 25 000 pesetas para la instalación de su legado. Desde la donación de las Pinturas negras en 1881, el Museo del Prado no había recibido una donación ni un legado de la importancia del realizado por Pablo Bosch, ni volvería a hacerlo hasta la recepción, en 1930, del legado Fernández Durán.

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